No vivo en mí, sino en los sueños que habito; en las noches bañadas de sombras, en los reflejos del sol, cabalgando a lomos del viento y en los suburbios de la razón.
No hay esperas que duelan, sino murmullos de ausencias en los ronroneos del corazón, en los inventos imaginados, acurrucado a tus besos y abrazado a ti, que eres mi devoción.
No vivo en mí, sino en los alrededores de tu amor; en las miradas que me buscan, en el estallido del color, agazapado en el tiempo burlón y en los huecos de tu corazón.
No hay esperas que duelan, sino duras penitencias en continuas referencias a palabras malinterpretadas. Acongojado por la cotidianidad, desespera mi libertad.
No hay esperas que duelan, por eso no vivo en mí, sino en ti. Vivo en la necesidad de alzar el vuelo y volar hasta llegar a ser el centro de tus miradas al despertar.
P. D.: Necesitamos de las caricias compartidas para continuar...




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