Dejó los zapatos a un lado. Descalzo sobre la frialdad macerada durante la noche, se dispuso a caminar mientras la oscuridad tambaleaba su fragilidad por entre las rendijas eternas de la sensualidad.
Eran sueños pegados a la memoria de la noche anterior; del encuentro, tal vez inventado, entre el revoltijo de alcohol y el suburbio de su razón. Ese extraño aroma en su piel le devolvía pedacitos vividos sin ton ni son, difíciles de encajar.
Era un puzle de encuentros y desencuentros que no atinaba a desenmascarar: caricias balsámicas de promesas y sonrisas, imposibles de recordar...
P.D. A veces, el rastro de una noche es más real que la noche misma.
En la desnudez del alma, se sienten los amores sensuales de noches de bohemia…navegan…sientes caricias…promesas… pero pasan perdidos en la espesura de la memoria.
ResponderEliminarRealidad innegable cuando dejas los zapatos a un lado. Me gusta como lo dices.
Un abrazo Josh, ten una buena semana.