Es entonces, cuando de bruces en el suelo se estampan los sueños sudorosos, cuando el vértigo se apodera de tus aposentos.
Los viejos recuerdos te confirman que eres superviviente de tus propios fracasos, del perfil acristalado tras el cortinaje del paso del tiempo.
Todo cuanto gira a tu alrededor queda envuelto en una gelatinosa circunstancia, esa que se atrevió a ponerte en el punto de atención...
P. D.: Tal vez el destino venga pisando fuerte.




