TRECE DE OCTUBRE
A veces pienso que, si pudieras asomarte un instante a mis pensamientos, encontrarías al mismo niño de entonces, ese que se inventaba cualquier disparate para arrancarte una sonrisa y después se quedaba mirándote, satisfecho, como si acabara de hacer la cosa más importante del mundo. Aún hoy me sale esa forma de hacer el tonto cuando algo me duele demasiado, aunque ya no estés para decirme que deje de hacer payasadas. Hay cosas que se quedan con nosotros sin pedir permiso, recuerdos que uno cree olvidados, hasta que un día vuelven y te ocupan la cabeza. Me pregunto qué dirías al verme ahora. Sigo con mis manías y mis cabezonerías, ya sabes que hay cosas que no suelen cambiar, como esa forma tan mía de darle vueltas a lo que a veces no tiene explicación y que siguen rompiéndome la cabeza. Seguro que encontrarías algún defecto que señalarme, y es que no vamos a idealizarlo todo: qué bien me conocías. A lo mejor me reñirías por preocuparme tanto, por querer resolver con la cab...