Reflexiones sobre el miedo y la ausencia
El arte de quedarse cinco minutos más cuando todo invita a huir. Ignoro si a veces me empeño en convencerme de lo contrario; idas y venidas hacia ningún lugar... No me hagas demasiado caso. A veces me pierdo. Ya sabes cómo soy cuando el miedo se pone serio y empieza a hablar por mi boca. Viste de argumentos sólidos, incluso de modales exquisitos, pero nunca se queda a recoger el desastre que deja cuando se marcha. Disfruto como un niño chico con esa manera tuya de desordenar el aire al entrar en una habitación, como si las cosas recordaran de pronto el lugar que les corresponde. Hasta las sillas parecen cansarse menos cuando te sientas. Yo, en cambio, llevo años mudándome de un lugar a otro sin encontrar una casa que no termine oliendo a tu recalcitrante ausencia. La mirada se ilumina por la mañana cuando todo me parece sencillo. Demasiado. No lo entiendo: pongo café para dos aunque la lógica me mire con esa cara de funcionario que tienen las certezas. Después me río solo....