La memoria de las voces imprevistas
El peso indispensable de los recuerdos En mi memoria aún conservo el recuerdo de voces que llegaron sin pedir permiso, nombres que ya no sabría colocar en una fecha concreta o con un nombre correcto y que, sin embargo, reconocería por la manera de ordenar una frase, de interpretar un sentimiento o de vislumbrar un presentimiento. Hay personas que dejan marca sin proponérselo, quizá porque nunca pretendieron enseñar nada; simplemente estuvieron cuando tenían que estar y eso era suficiente. Durante mucho tiempo pensé que agradecer era recordar, guardar cada gesto en un lugar seguro para no perderlo. Pero la memoria también hace sus trampas y cambia de sitio las cosas o las olvida sin remedio. A veces devuelve una sonrisa donde hubo preocupación, o convierte una discusión absurda en una especie de aprendizaje que seguramente nunca existió, o simplemente lo olvidó. Tampoco importa demasiado. Con los años uno aprende a vaciar los bolsillos, a quedarse solo con lo indispe...