Perderse para encontrarse: reflexiones sobre el paso del tiempo y las decisiones.
El peso de los planes que caducan. No te cansas de ir poniendo nombres a las cosas antes de conocerlas, como si bautizar una posibilidad pudiera impedir que se deshiciera entre los dedos. Sabes que hay mañanas en las que basta con abrir una persiana para comprender que tampoco el día tiende a prometer demasiado. La calle está ahí, con los mismos coches mal aparcados, la panadería levantando el cierre y alguien que corre porque llega tarde a un trabajo que probablemente tampoco le espera con los brazos abiertos. Pero sales como cada día. Y así lo supones porque de eso se trata cuando hablas de voluntad, aunque la palabra resulte demasiado grande para ciertas decisiones pequeñas. No hace falta conquistar ninguna cima. A veces basta con enviar aquel mensaje que llevabas tres días escribiendo y borrando, presentándote donde dijiste que irías, o reconocer que te equivocaste sin preparar antes una defensa. Hay derrotas que se parecen mucho a una tarde cualquie...