28 abril 2026

APRENDIENDO A VIVIR

Reflexiones sobre la soledad, el amor y el vacío emocional.

Hombre mirando por la ventana en un día lluvioso sensación de soledad urbana.

Cierras los ojos intentando evadirte del ruido del tráfico que, tras las ventanas, sigue recordándote con su zumbido constante que el mundo continúa, aunque tú estés frenado en seco.

​Te levantas de la cama. 

El suelo frío te devuelve a la realidad de ese piso pequeño que en los últimos años se ha convertido en tu morada. Miras el fregadero lleno de platos y las colillas apagadas en el cenicero: son restos de una noche donde intentaste encontrar una respuesta que nunca llegó.

​Buscas tu teléfono. 

Quieres volver a escribir ese mismo mensaje que borraste diez veces ayer. Tus dedos tiemblan un poco. No es miedo; es el hambre de algo de verdad entre tanta luminiscencia de pantallas que tratan de robarte el alma.

Hombre sentado en sofá con angustia emocional en interior oscuro y lluvia en la ciudad donde llueve.

​Piensas en ella. 

Piensas en cómo el amor se desgasta al no alimentarlo. Te dijeron que el tiempo cura las heridas, pero te mintieron: el tiempo solo te enseña a caminar con la cojera a cuestas.

​Caminas hasta la ventana. 

La ciudad se ve igual de gris que siempre. La gente se gasta el dinero en comprar lo que no necesita. Y prefieres quedarte ahí. Prefieres sentir ese vacío en el pecho porque, al menos, es tuyo. Es lo único que nadie te puede quitar. Esa tristeza tiene un peso sólido que te hace sentir vivo.

​Sales a la calle. 

El aire golpea tu cara y metes las manos en los bolsillos del pantalón. Cruzas la avenida sin mirar el semáforo. Buscas ese bar donde el café sabe a quemado y nadie pregunta tu nombre. Allí te sientas a ver pasar la vida. Escribes en una servilleta de papel; no buscas rimas, buscas desahogar el desconsuelo.

​Tus errores son tus cicatrices y las llevas con orgullo. 

No quieres ser esa versión perfecta que otros esperan de ti. Quieres ser aquel que se cae y se levanta con los nudillos raspados.

​La lucha interior no termina nunca.

 Es una pelea a no sé cuántos asaltos donde tú eres quien da los golpes y, al mismo tiempo, el saco de arena que los recibe.

Hombre recostado reflexionando en silencio en una habitación con luz tenue y lluvia en el exterior

​Vuelves a casa cuando el sol empieza a caer. 

La luz naranja baña las paredes desconchadas. Te quitas la cazadora y te miras en el espejo del baño. Ves a un hombre que ha perdido muchas batallas, pero que aún sigue en pie.

​Mañana será otro día de persecución.

 Perseguirás esa idea de felicidad que otros creen es la única y la mejor, cuando en realidad no hace sino escaparse entre los dedos.

Asi que quedo convencido, no importa cuántas vueltas tenga que dar girando a mi alrededor, porque aún, el camino es lo que cuenta y eso es lo que nadie me puede arrebatar.




P. D.: Seguir adelante también es una forma de resistir, porque no sanas, pero aprendes a vivir y a no romperte del todo...














12 abril 2026

El SILENCIO DE TERCIOPELO




Hombre con farol antiguo en jardín nocturno bajo la luna llena, estilo cinematográfico.

Un viaje al centro de la quietud en mi jardín de sueños.

Observo cómo el silencio se viste de oscuro terciopelo. Es densa y profunda la quietud que esta girando a mi alrededor, sosteniendo esta suspensión del espíritu: esencia líquida que navega entre sombras alargadas que envuelven y serenan el espacio. El pulso late pausado; el aliento apenas llena los pulmones.

Poco importa el estruendo del ruido lejano, pues apenas altera el latido. Nada ni nadie interrumpe la vigilia y nadie encuentra la salida de este jardín donde habito, refugio de sueños matizados por destellos y vacíos constantes.


Faroles con velas junto a un estanque en un jardín oscuro y sereno.

 Un refugio en el jardín de la quietud del pensamiento

Transitar el instante no presupone necesariamente el movimiento, decidido o errante, permanece la quietud del pensamiento. Me siento parte de la tierra somnolienta, permitiendo que el reloj me alcance y venza cada latido en la profundidad de mi propia existencia.

Evocando el enjambre de dudas y sueños que pretendo exiliar tras la frontera invisible que mis manos anhelan rozar, entre el negro y el azul del vacío, se halla el equipaje destinado a bordear el límite frente a mi propia existencia.

Hombre sentado de espaldas en banco de piedra mirando la profundidad de la noche.

La frontera invisible entre el destino y la quimera

Levitando en mi centro vibran las voces mudas: levedad del reflejo en la nada. Son sueños tejidos con la trama que consume el desvelo cuando, de tanto buscar lo inalcanzable, me transformo en la frágil quimera que quiebra mis versos...


P.D. No busco la salida del jardín, sino la valentía de habitarlo. Porque al final, el único equipaje que importa es el que no pesa en el alma...