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Mostrando entradas de mayo, 2025

SILENCIO AZUL

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  Sé muy bien cuándo empezó, aunque me guste fingir que no. El silencio no cayó de golpe, se fue colando a sorbos, como esas rutinas que un día parecen inocentes y al siguiente te ocupan la casa entera. ​Y yo... yo lo dejé quedarse, lo alimenté sin querer, creyendo que me cuidaba. Me acostumbré a no pedir, a no decir, a soñar bajito , por si alguien escuchaba. ​Fui doblando mis deseos hasta que cupieron en el cajón de lo aceptable, y cuando ya no entraron, los llamé «precarios», para no admitir que eran míos. ​Desde afuera, todo se veía en orden. Pero por dentro, las palabras se amontonaban, se agitaban, golpeaban, como olas buscando salida. Y yo... yo callaba. ​Un día cualquiera, sin drama, me descubrí vistiendo de azul el fin de todo. Azul, porque yo siempre he sido más de matices que de extremos, más de despedidas lentas que de portazos. ​Y entonces dejé que salieran las palabras, los gritos. Dando rienda suelta a todo y girando a mi alrededor, dejé que cruzaran el miedo, q...

CALLARSE...TAMBIÉN CANSA: EL PESO DEL SILENCIO EMOCIONAL Y LA LIBERACIÓN AL HABLAR

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  Me acostumbré al silencio como a un abrigo viejo, llevándolo a todas partes, incluso cuando dolía más que el frío. Guardé lo que quería decir detrás del corazón, donde nadie mira, donde hasta los ojos aprenden a fingir. Pero el cuerpo acaba recordando lo que la lengua calla, y un día, sin querer, me quebré con solo una mirada. Guardé palabras como quien guarda semillas, con miedo al clima, esperando la estación justa para hablar. El silencio dolía, más que el tiempo, sí , pero también me enseñó a escucharme por dentro, sin gritar. Un día, suave como la brisa, me animé a decir lo que sentía y fue como abrir las ventanas después de años cerradas. Pd: A veces contarlo... es el verdadero alivio.

PENSAMIENTOS NOCTURNOS: reflexiones íntimas sobre el deseo, la guerra interna y la esperanza.

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  Pensamientos pretorianos aterrizan en la azotea, vigías de una mente en vela, rumores de una guerra íntima . Vientos huracanados desempolvan la fricción latente, rozando la herida sin nombre que enciende el conflicto dormido . La noche primaveral asiste, con su inventario de promesas , la luna, cómplice y callada, emite señales de humo y sortilegio. Bajo la almohada se cuecen juegos involuntarios, caprichos que el cuerpo esconde en su teatro nocturno . Cínica habilidad , la de menospreciar las alturas, soñando con alas para estrellarse igual, una y otra vez. El deseo se enrosca, se acurruca en las espaldas del sueño, remolino suave y cruel, de un final que no tiene orillas. Pd: Cientos de pajaros  revoloteando por el escenario  cansado de mantener  a salvo el excedente  de esperanzas. Y aún así —  vuelan...