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Mostrando entradas de julio, 2026

Reflexiones sobre el miedo y la ausencia

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  ​ El arte de quedarse cinco minutos más cuando todo invita a huir. Ignoro si a veces me empeño en convencerme de lo contrario; idas y venidas hacia ningún lugar... No me hagas demasiado caso. A veces me pierdo. Ya sabes cómo soy cuando el miedo se pone serio y empieza a hablar por mi boca. Viste de argumentos sólidos, incluso de modales exquisitos, pero nunca se queda a recoger el desastre que deja cuando se marcha. Disfruto como un niño chico con esa manera tuya de desordenar el aire al entrar en una habitación, como si las cosas recordaran de pronto el lugar que les corresponde. Hasta las sillas parecen cansarse menos cuando te sientas. ​Yo, en cambio, llevo años mudándome de un lugar a otro sin encontrar una casa que no termine oliendo a tu recalcitrante ausencia. ​La mirada se ilumina por la mañana cuando todo me parece sencillo. Demasiado. No lo entiendo: pongo café para dos aunque la lógica me mire con esa cara de funcionario que tienen las certezas. Después me río solo....

CUANDO LA REALIDAD DUELE

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  ​​ Entre la rutina y el olvido. Basta de rimas, de sueños imposibles y versos predecibles. Intenta sonreír, pero se pierde en sus propios pensamientos. En como la madera de la mesa que está pegajosa y en como el camarero limpia el vaso con un trapo sucio mientras tú miras la pantalla del teléfono esperando una señal que nunca llegará.  Limpiaste las hojas secas del rosal con las manos desnudas y ahora te sangran los padrastros. Es así de simple. Todo tiende a tener un porqué. El amor no es un paseo hacia la gloria. Más bien es ese olor a humedad que sube del sótano cuando abres la puerta equivocada. Te acuerdas de como recorrías el contorno de su espalda bajo la luz fría de la cocina mientras hervía unos fideos instantáneos, pensando en la inmortalidad del alma junto a ella. Qué soberana estupidez. Demasiados folletines televisivos afloran hoy en día de tu niñez. Y eso que ni siquiera los recuerdas. La poesía se escribe  con zapatos rotos. ​Te pones la chaqueta de cue...

TRES MENSAJES GUARDADOS Y UN ADIÓS SIN DESPEDIDA

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  La vida escuece, duele y mucho. Maldito el aceite caliente que te salpica con rabia en la camiseta mientras te fríes un huevo. Aún es peor cuando te salta en la muñeca y te sobresaltas de dolor, porque la vida escuece. Pero la mayoría de las veces, no solo escuece; duele. Duele y mucho. ​Miras de nuevo el móvil con la pantalla rota y vuelves a pensar que tienes que arreglarlo. Es un pensamiento que se diluirá una vez más, porque sabes que de nuevo se te olvidará. Hay tres mensajes de ella guardados en el buzón que nunca vas a borrar. De vez en cuando los reabres y piensas que aún sigue ahí. Te gusta engañarte, dándote esperanzas de algo que no sucederá jamás. ​Dos náufragos a la deriva en un charco tras la lluvia Te busca entre la gente que compra el pan a toda prisa. El sol pega fuerte en el asfalto derretido. Huele a gasolina y a azahar. Qué contradicción tan tonta. Te quiere con rabia, como se quiere a los perros callejeros que muerden la mano que les da de comer. También te o...