14 mayo 2026

APRENDIENDO A MANTENER EL EQUILIBRIO

 

Un plano medio corto de un hombre con barba, mirando ligeramente hacia arriba con una expresión de serena resignación. Lleva unas gafas de sol oscuras en cuyos cristales se refleja nítidamente el perfil de los rascacielos de la ciudad. El fondo es completamente negro, lo que resalta la textura de su piel y el detalle del reflejo, simbolizando a alguien que lleva el peso del entorno grabado en la mirada.

SIN PEDIR PERMISO A NADIE


Caminas por la calle masticando el humo de un cigarro apagado. Miras tus manos en un ademán de preguntar qué has hecho para merecer lo que tienes o dejas de tener. Están manchadas de tinta y fracaso. Te preguntas si alguien escucha el crujido de tus pasos sobre el cristal roto de las promesas que dejaste de cumplir. La ciudad rezuma ruido en cada esquina, mientras buscas una verdad que no duela tanto.

​El sol no deja de golpear el asfalto. No hay magia ni buena voluntad en este calor, solo ese olor característico a neumático quemado y a compulsiva desesperación. Escribes porque el pecho te quema, porque el corazón te lo dicta, no porque busques el aplauso de los maniquíes que dejas atrás en los escaparates. Tus palabras son piedras lanzadas contra los cristales blindados. Rebotan, golpeándote en la frente. Te dejan sangrando versos que nadie quiere escuchar y menos aún comprar.

​Buscas el rostro amado en cada reflejo y no puedes por menos que pensar que el amor es un perro sarnoso que te muerde los tobillos y luego se escapa. Te queda el frío de la cama vacía y el sabor a café recalentado. Miras al cielo. No hay respuestas en ese azul sucio de nubes grises, cargadas de lluvia ácida amenazando con borrar tus huellas.

Una impactante fotografía desde un ángulo cenital (desde arriba) que mira hacia la multitud. El sujeto principal, con gafas de sol y capucha, destaca como el único punto de enfoque y quietud en un mar de figuras borrosas que parecen orbitar a su alrededor en un remolino de gris y negro. El efecto visual refuerza la idea del acecho constante de la ciudad y la introspección forzada del individuo ante el tumulto.

EL SILENCIO PISÁNDOTE LOS TALONES 



​Aprietas los puños. Sientes el latid⁹o en las sienes. El coraje es el tambor de guerra de una batalla que ya perdiste. Pero continúas adelante. Sin otra opción que el silencio pisándote los talones mientras corres más deprisa. La vida es este trozo de pan duro que intentas tragar sin agua.

​Tu sombra intenta estirarse hasta tocar el borde del mundo. Te susurra al oído que te detengas. Te cuenta que el olvido es un refugio cómodo. Mientes. Dices que mañana será distinto. Intuyes que el mañana será de nuevo una trampa para ratones hambrientos. Aun así, metes la mano en el fuego para sentir, una y otra vez, el calor de la destrucción.

​Bajas la mirada al suelo y ahí, entre una colilla y un billete de metro usado, brilla algo. Es el resto de dignidad que te queda. Lo recoges. Te lo guardas en el bolsillo del pantalón. Continúas el camino hacia ninguna parte. El ritmo de tu corazón marca el paso de una canción que solo tú conoces. La música de los que no tienen miedo a romperse de nuevo.

​Frente al cristal oscuro de un portal, mi reflejo es una mancha borrosa, un espectro con los bolsillos vacíos. Resignado y girando a mi alrededor, ya no busco testigos ni redenciones en los ojos de extraños. Entiendo, al fin, que la canción desafinada es mi única y legítima pertenencia. Cruzo la calle sin percatarme del semáforo, con la mirada perdida y el paso firme, aceptando que mi destino no es llegar a ninguna parte, sino aprender a mantener el equilibrio sin pedir permiso a nadie.

Una toma frontal y simétrica en una calle urbana concurrida. El protagonista aparece estático y nítido en el centro de la imagen, vestido con una chaqueta oscura y capucha. A su alrededor, una multitud de personas se mueve rápidamente, creando un rastro borroso y fantasmal debido al movimiento. La imagen evoca la soledad absoluta en medio del ruido y la capacidad de permanecer firme mientras el mundo gira de forma caótica.



P. D.: Si me ves cruzar en rojo, no me grites; es la necesidad de seguir existiendo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario