Certezas difíciles de sostener
La penumbra de lo que damos por sentado Las certezas son criaturas invisibles ; no se pueden tocar, ni medir, ni guardar en un cajón para cuando nos hagan falta. Son intangibles. No tienen peso ni volumen, pero pesan como si estuvieran hechas de plomo. Y, aun así, nos empeñamos en discutirlas como si pudieran dejarse encima de una mesa, junto a unas llaves o una taza de café olvidada desde la mañana. ¡Qué ironía! Basta que alguien levante un poco la voz para que otro responda convencido de haber encontrado el lugar exacto donde empieza la razón. Es curioso. Casi enternecedor. O desesperante, depende del día. Recuerdo una sobremesa cualquiera —ni siquiera era una fecha importante— en la que cuatro personas defendían cuatro certezas incompatibles, mientras el reloj de la cocina seguía avanzando con esa indiferencia que tienen los relojes hacia nuestras pequeñas guerras. Al final, nadie convenció a nadie . Solo hubo platos que recoger y un silencio bastante más sincero que todo lo que se ...