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CUANDO LA REALIDAD DUELE

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  ​​ Entre la rutina y el olvido. Basta de rimas, de sueños imposibles y versos predecibles. Intenta sonreir, pero se pierde en sus propios pensamientos. En como la madera de la mesa que está pegajosa y en como el camarero limpia el vaso con un trapo sucio mientras tú miras la pantalla del teléfono esperando una señal que nunca llegará.  Limpiaste las hojas secas del rosal con las manos desnudas y ahora te sangran los padrastros. Es así de simple. Todo tiende a tener un porqué. El amor no es un paseo hacia la gloria. Más bien es ese olor a humedad que sube del sótano cuando abres la puerta equivocada. Te acuerdas de como recorrias el contorno de su espalda bajo la luz fría de la cocina mientras hervía unos fideos instantáneos, pensando en la inmortalidad del alma junto a ella. Qué soberana estupidez. Demasiados folletines televisivos afloran hoy en día de tu niñez. Y eso que ni siquiera los recuerdas. La poesía se escribe  con zapatos rotos. ​Te pones la chaqueta de cue...

APRENDIENDO A VIVIR

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Reflexiones sobre la soledad, el amor y el vacío emocional. Cierras los ojos intentando evadirte del ruido del tráfico que, tras las ventanas, sigue recordándote con su zumbido constante que el mundo continúa, aunque tú estés frenado en seco. ​Te levantas de la cama.  El suelo frío te devuelve a la realidad de ese piso pequeño que en los últimos años se ha convertido en tu morada. Miras el fregadero lleno de platos y las colillas apagadas en el cenicero: son restos de una noche donde intentaste encontrar una respuesta que nunca llegó. ​Buscas tu teléfono.  Quieres volver a escribir ese mismo mensaje que borraste diez veces ayer. Tus dedos tiemblan un poco. No es miedo; es el hambre de algo de verdad entre tanta luminiscencia de pantallas que tratan de robarte el alma. ​Piensas en ella.  Piensas en cómo el amor se desgasta al no alimentarlo. Te dijeron que el tiempo cura las heridas, pero te mintieron: el tiempo solo te enseña a caminar con la cojera a cuestas. ​Caminas...