15 septiembre 2014

EL CAMINO HABITUAL

    




Me gusta perderme en los laberintos orquestados, en los sueños acompasados, en el palpitar de un corazón que extraña la luz de los momentos pasados.

​En aquel entonces, merodear el epicentro de la gravedad no era sino ambicionar el paso del tiempo, que resultaba demasiado lento ante la interminable grandeza de todo aquello que giraba a mi alrededor. Era una mirada generosa, una mirada expectante y, cómo no, esa mirada ansiosa, queriendo volar más allá de sus premisas.

​Buscaba alcanzar antes que los demás algún lugar donde representar sus anhelos y llegar a todos cual conquistador de sueños, en pos de encontrar las quimeras dibujadas en paisajes risueños, sobrevolados por aviones de papel y por generosos encuadres donde no dejaba de dar vueltas.

​Era como un carrusel esperando llegar a la meta sin principio ni final; como la meta de crecer sin esperar a recorrer el camino habitual...


P. D.: De pequeño… todo es tan grande…





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