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24 febrero 2015

LABERINTO






Dependiendo del laberinto, se sale unas veces triunfador y otras con ese sabor amargo a vil derrota. Son las leyes del juego jamás escritas; son las reglas, y te expones a perder o a ganar. He ahí la cuestión.

​Es la continuación o, quizás, la negación para seguir dentro, para seguir orquestando un sinfín de posibilidades, un sinfín de soluciones a ese momento en el que arriesgar es, simplemente, no quedarse anclado en un «pudo ser y no fue».

​Es un juego del que posiblemente, si nos lo impidieran, el resultado sería mucho más catastrófico que la consecuencia de perder o ganar. Es simplemente vivir: un pedacito de cielo al que llamar propio, un pedacito de sueño al que llamar realidad; aquella que prescinde de lo artificial, aquella que depende de nuestras ganas de continuar, a sabiendas de que la vida es solo la necesidad de arriesgar...


P. D.: Arriesgar es solo la posibilidad de continuar…




2 comentarios:

  1. Y en ese punto estoy yo ahora, en el de arriesgar, en el de tomar delantera por el camino casi central de mi laberinto particular y ver hacia dónde me conduce la suerte, el juego, o sólo mis ganas de seguir tirando de mi carro.

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