ARENA
Sin importarme si está nublado o luce el sol, siento la arena mojada pegada a mis pies, cual sortilegio contra las buenas costumbres de adentrarse más allá de lo estrictamente superficial. El tiempo no existe; al menos de momento. Confirmo la parada, quieto en la penumbra de los desamparados, de aquellos a quienes no les importa la diferencia de un segundo o dos. El más o el menos pasó a segundo lugar. Satisfecho de matarlo y mandarlo al infierno, sin importar las reclamaciones que osaran presentarme al final de la cuestión, solo importa disfrutar el momento. Me conformo con unos días de su apretada agenda y echarme la arena de sus relojes a la espalda, sin preocuparme de convertirme en estatua de sal, porque no pienso mirar atrás. P. D.:Desentumeciendo los sentidos...