06 agosto 2013

ARENA






Sin importarme si está nublado o luce el sol, siento la arena mojada pegada a mis pies, cual sortilegio contra las buenas costumbres de adentrarse más allá de lo estrictamente superficial.

​El tiempo no existe; al menos de momento. Confirmo la parada, quieto en la penumbra de los desamparados, de aquellos a quienes no les importa la diferencia de un segundo o dos. El más o el menos pasó a segundo lugar.

​Satisfecho de matarlo y mandarlo al infierno, sin importar las reclamaciones que osaran presentarme al final de la cuestión, solo importa disfrutar el momento. 

Me conformo con unos días de su apretada agenda y echarme la arena de sus relojes a la espalda, sin preocuparme de convertirme en estatua de sal, porque no pienso mirar atrás.


P. D.:​Desentumeciendo los sentidos...



1 comentario:

  1. El color de la arena de postal me trae el rojo del desierto y de las esfinges. Arena derramada de siglos de relojes, bajo un sol calcinador.

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