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CUANDO PASAN LOS AÑOS

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Pasan los años girando a mí alrededor, uno detrás del otro y de nuevo, vuelta a empezar; los lugares se marchitan, otros florecerán en su lugar. Lo que antes eran sonrisas, ahora solo son un recuerdo fugaz.​ ​El viento a toda prisa, dejó de soplar, locuaz figura que el tiempo intenta borrar, más no hay espejo que pueda ocultar, las señales inequívocas de los sueños estancados en algún rincón que ya no brilla igual. ​Hay que renegociar, gritarles a las sombras, que aún soy capaz de volver a despertar, asumiendo el pasado como escuela y el presente como secuela de un futuro donde mi mejor tarea es la de vivir cada instante como si fuera el último... ​No hay tiempo perdido, ni rincón para mendigarlo, si el corazón es la medida y el alma el templo de nuestra dirección para recrear cada ilusión. ​P.D. ​Y bueno sería recordar  que la única herida que no cicatrizará, será aquella que el miedo se niegue a tocar... Si te gustó la entrada... esta otra también te podría gustar.

CUANDO TODO SE TAMBALEA A MI ALREDEDOR

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    Cada día que pasa estoy más convencido de que lo esencial es mantener la calma en un mundo perdido entre las agujas del reloj, observando cómo se construyen castillos de arena bajo la lluvia. En cada grano derramado entre los dedos hay un segundo menos de vida, pero el empeño… sí, el empeño es lo único que queda cuando todo lo que gira a mi alrededor empieza a temblar. ​Vivo atrapado en un pulso constante con el tiempo . La luz intermitente de los semáforos me advierte de la celeridad del día a día, eclipsado por el vértigo de las notificaciones. Y aun así, no dejo de buscar esa grieta diminuta por donde se filtra la vida, como ese rayo de sol terco y seguro de sí mismo que siempre encuentra algún resquicio entre las persianas cerradas para entrar y hacerse dueño del lugar. ​Hay días en los que siento que la vida es el tren que partió sin avisar; días en los que no dejo de correr por el andén, con los bolsillos vacíos , los zapatos polvorientos y, en las manos, un bole...