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Y VUELA QUE VOLÓ

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           Y vuela que voló la imaginación a través del laberinto inusual de su corazón, porque las dudas y la desazón dieron al traste con su misión, rodó cuesta abajo sin frenos, cuan musa enojada y pertrecha con falta de inspiración, con falta de aliento y también porque no, de emoción, más no hay pena, sino gloria por sentirse vivo en cada salto, voltereta, piedra o golpe seco donde encontraba la verdadera razón de su desquiciada inquietud, y vuela que voló en sus sueños, en sus deseos o en la delgada línea de sus quimeras, pero el cuento no tuvo inocente ni culpables, ni principio o final, tan solo termino con el fin del camino como destino de su controvertida ilusión, y es entonces cuando concluyo que al igual que los pájaros vuela que vuelan surcando los cielos buscando a la dueña de su desinteresado amor, ofreció su pasión y entono al fin la canción donde vuela que voló su corazón…       Pd: Por mucho que nos ...

SOÑAR ES OTRA COSA

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       Cuando duermo, duermo, y no sueño, porque soñar es otra cosa, durmiendo, mis sueños se difuminan, se pierden en laberintos inconclusos donde no logro mantener el control, tampoco logro contener la inquietud y lo que es aún peor, no logro seguir el hilo conductor, me pierdo en continuos saltos de un lugar a otro, transportándome de un tiempo a otro, pasando de un estado a otro, cuando sin darme cuenta el color cambia por momentos y el instante es tan efímero como el resplandor de una estrella fugaz en medio de la nada, no lo puedo dominar, se diluye al despertar, soñar, soñar es otra cosa, es la emoción, es el resultado de la percepción de estímulos y tener la respuesta emocional girando a mi alrededor, es una caricia, es un beso, es tu pelo, es tu boca, es tu cuerpo enredado en el mío…         PD: Soñar es otra cosa, soñar es tener el control de lo que sueñas,   aunque a veces el resultado no sea el esperado, pero siemp...

ME GUSTA LA NAVIDAD

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     Todo esto que te voy a contar puede parecer que lo has vivido con anterioridad. A través de mi perspectiva personal, quiero viajar por todos esos momentos de felicidad; también es verdad que no siempre hubo tantos como quisiera, pero seguro que fueron y serán inigualables. Posiblemente no llegues a leer hasta el final, pero déjame invitarte a continuar. ​Déjame contarte que, desde donde puedo recordar, siempre me gustaron estas fechas; las esperaba con algarabía, pensando e imaginando cuándo llegarían, ansiando todos los buenos momentos que traerían. Sin lugar a dudas, las he disfrutado y las he vivido desde siempre con la mirada del niño que habita en mí, ese niño que fui y nunca se planteó marcharse del todo, un niño que trata de seguir volando, aun sin alas, por el resplandor de la emoción. ​Siempre me maravillaron estos días que forman parte de mis mejores recuerdos, de mis mayores ilusiones y, ¿por qué no?, también de mis peores desilusiones. Me entusiasman cu...

A TRAVÉS DE MIS SENTIDOS

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            Ejercitando la autocomplacencia, vuelo sin motor a través de mis sentidos. No encuentro motivos suficientes para recrearme o aposentarme en los años vividos, tampoco el compromiso de volver una y otra vez para arribar a espacios conocidos, donde el tiempo dejó de existir y los besos, como los descuidos, se dieron por perdidos. ​Ejercitando el olvido, paseo largo y tendido por las nubes que recreo en mi mundo, sin menospreciar el suelo al que, sin remedio, caigo una y otra vez; mas no hay vergüenza: caer, levantarse y de nuevo volver a caer no es patrimonio de nadie y sí de aquellos que no ponen excusas para continuar intentándolo sin desfallecer. ​Ejercitando la necesidad de reinventar cada paso que doy, afianzando mi caminar y descubriendo día a día lo que está girando a mi alrededor… ​ P. D.: Poco a poco, reencontrándome con un nuevo amanecer…

GIRANDO A MI ALREDEDOR CUMPLE 16 AÑOS

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Girando a mi alrededor ya no es lo que era; después de dieciséis años, los tiempos y los tientos han cambiado. No sé si para mejor o peor, pero está claro que nada es lo que era y ahora, si no me cuentas nada que me atraiga en tres segundos, te scrolleo y no me vuelves a ver. Eso sí: te doy veinte segundos de mi atención, tal vez un poco más, si me convences, claro está. ​Devoramos información como palomitas —perdón, snacks —, sin parar; da igual el color, el sabor o la textura, si es de risa o de terror. Pasamos —de nuevo, perdón—, scrolleamos información e imágenes a la velocidad del rayo; aun así, me quedo corto. Da igual si caminamos, trabajamos, estudiamos o descansamos, eso sí: en la más absoluta soledad. ​Ahora no te llamo para cenar: te envío un mensaje aun estando en la habitación de al lado. No hace falta esperar o quedar en el parque o en cualquier lugar si estamos todos en el grupo de WhatsApp. Comprar, compramos en cualquier tienda virtual y en dos días lo tienes en el...

TRECE DE OCTUBRE

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Pudiera parecer que el tiempo cura las heridas, que los sueños tarde o temprano acaban por cumplirse, que el amor se pega a la piel como el aire cuando sopla de frente, que tras mucha oscuridad siempre hay un rayo de luz que ilumina lo suficiente como para recordarlo conscientemente. ​Pudiera parecer que, desde que te fuiste, sigues ausente; nada más lejos de la realidad. Las ausencias, como las consecuencias, siguen siendo un estado del alma que consiente la dolorosa pérdida, pero no concibe dejar de acariciar los recuerdos de tu presencia más allá de lo evidente. ​Pudiera parecer que todo se termina cuando el vacío se hace dueño de lo eterno; que no es huida, sino la partida hacia algún lugar más allá de la conciencia, más allá de lo efímero, porque el amor no es pasajero, tampoco se pierde por cualquier derrotero y aún menos siendo sincero. ​Pudiera parecer que no estás, pero estás… girando a mi alrededor. ​ P.D.: Por mucho que pasen los años, y como cada trece de octubre, de...

A VECES

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  ​A veces, se vienen abajo nuestras expectativas; caen al suelo por su propio peso y, aun intentando levantar el vuelo, no encontramos nuevas perspectivas. ​A veces, nos encontramos solos ante el mundo, perdidos en la vorágine diaria de las prisas y, aun intentando abandonar la soledad, caemos al abismo más profundo. ​A veces, no encontramos las palabras exactas: se agolpan en nuestra garganta, argumentando que no somos capaces de volar aun teniendo las alas intactas. ​A veces, no encontramos manos amigas que nos apoyen, no recibimos el abrazo perfecto y, aun gritando al viento el desvelo, quedamos anclados en cualquier andén. ​A veces, se viene abajo la esperanza de reconstruir sueños olvidados, de emancipar la dicha y olvidar los quiebros para así reconquistar la sonrisa perdida. ​ P. D.: ​A veces… ​girando a mi alrededor ​se difuminan las perspectivas.