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Mostrando las entradas etiquetadas como VACACIONES

TAN SOLO

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No existe el ruido ni los silencios concretos, tan solo el tiempo embalsamado en lugares secretos.  Nada que llevar, nada que pudiera molestar, tan solo la verticalidad de que todo vuelva a empezar. ​Increíble disfrute de paseos por las nubes, de sueños etéreos, de besos a juego en el tintineo de las noches que sucumben a los versos risueños. ​Nada que enturbiar ni colores que difuminar, tan solo una paleta con la que dibujar sin pestañear.  No existe el contacto ni la desidia pegada a la piel, tan solo la orilla del mar donde cabalgo a lomos de mi corcel. ​Desordenando mis días de supuestas contrariedades, donde la esperanza dobla la jugada y la mirada se pierde sin temor a ser encontrada. ​ P. D.: Queriendo encontrar la eternidad...

BAMBALINAS

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Ejercitando la dicha entre las bambalinas del tiempo, entreverando caricias con versos sin prisas y con el sosiego a contrapelo sobre la materia incandescente, se origina un mar en calma. ​A través de los bocetos que siempre se sueñan, aflojando los dientes, con el ceño relajado y las prisas archivadas, surge una cadencia ingrávida de los deseos.  Son anhelos anidados bajo el estigma de la locura, perforada por tantos y tantos dardos que consiguieron su propósito: la piel tostada, el brillo en los ojos y la sensación de libertad. ​Ejercitando la dicha entre las bambalinas del tiempo... ​ P. D.: Sin relojes a la vista.

ARENA

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Sin importarme si está nublado o luce el sol, siento la arena mojada pegada a mis pies, cual sortilegio contra las buenas costumbres de adentrarse más allá de lo estrictamente superficial. ​El tiempo no existe; al menos de momento. Confirmo la parada, quieto en la penumbra de los desamparados, de aquellos a quienes no les importa la diferencia de un segundo o dos. El más o el menos pasó a segundo lugar. ​Satisfecho de matarlo y mandarlo al infierno, sin importar las reclamaciones que osaran presentarme al final de la cuestión, solo importa disfrutar el momento.  Me conformo con unos días de su apretada agenda y echarme la arena de sus relojes a la espalda, sin preocuparme de convertirme en estatua de sal, porque no pienso mirar atrás. P. D.:​Desentumeciendo los sentidos...