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Mostrando las entradas etiquetadas como escritura personal

¿Dónde merece la pena quedarse?

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  Donde el silencio se vuelve habitable. Que mis sentidos se queden sin oficio ni beneficio si han de calibrar lo que ocurre cuando tu nombre no deja de estar girando a mi alrededor, en cada rincón de mis pensamientos. Quiero esa forma tuya de hacer habitable el silencio, de llenar la casa con tu respiración, como si el aire también supiera que hay lugares donde merece la pena quedarse sin prisas. No me sirven las promesas que se pronuncian de carrerilla. Prefiero gestos pequeños y sencillos, como una sonrisa que llegue sin anunciarse, con la certeza de saberte al otro lado. Elijo la calma que dejan tus dedos sobre mis dudas, esa manera de desordenarme sin hacer ruido, como quien abre una ventana para que el sol entre a sus anchas, sin pedir permiso a nadie. No busco un cielo perfecto ni una bonita historia escrita para quienes nunca se equivocan. Me basta con el latido que aprende de tus pasos, con las tardes que envejecen despacio mientras el mundo insiste en correr hacia ninguna...

El valor de los pequeños gestos y el silencio

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​ El refugio de la costumbre y la paz de la mesa compartida. Ignoro si a veces me empeño en convencerme de lo contrario, pero no me hagas demasiado caso. A veces me pierdo. Ya sabes cómo soy cuando el miedo se pone serio y empieza a hablar por mi boca. Tiene argumentos, incluso modales, pero nunca se queda a recoger el desastre que deja cuando se marcha. ​Disfruto como un niño chico con esa manera tuya de desordenar el aire al entrar en una habitación, como si las cosas recordaran de pronto el lugar que les corresponde. Hasta las sillas parecen cansarse menos cuando te sientas. ​Yo, en cambio, llevo años mudándome de un lugar a otro sin encontrar una casa que no termine oliendo a tu ausencia. Mi rostro se ilumina por la mañana cuando todo parece sencillo. Demasiado. Pongo café para dos aunque la lógica me mire con esa cara de funcionario que tienen las certezas. Después me río solo. Suelo hacerlo. Qué remedio. Al final hasta la costumbre aprende a fingir que no espera a nadie. El le...

EL CAMINO HACIA NINGUNA PARTE, ES A VECES, EL UNICO DESTINO

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ANATOMÍA DE UN DOMINGO CUALQUIERA  Aquel amanecer dominguero olía a churros, a café y a chocolate recién hechos. Sentado en una de las mesas del bar bajo tu ventana, esperabas ser atendido. La banda sonora de los que desayunaban felices conseguía traerte recuerdos lejanos. Y, mirando tus zapatos gastados, entiendes que la comunión con el mar suena idílica cuando estás lejos de la orilla, pero la verdad muerde los tobillos cuando pisas la cruda realidad. ​Terminas de desayunar y dejas atrás el murmullo insistente de aquellos que parecen tenerlo todo. Te metes las manos en los bolsillos del abrigo, donde guardas un tornillo suelto, un boleto de autobús caducado y un deseo absurdo de arreglar el mundo con una mirada. Perdiste el vuelo nocturno porque, una vez más, te quedaste mirando el parpadeo del tubo fluorescente en tu cocina. Esas cosas pasan. La mística se cae al suelo cuando recuerdas que debes pagar la luz hoy para que mañana no estés a oscuras. La mística se cae cuando hay ...

ESCRIBIR PARA NO MORIR

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Reflexiones sobre la soledad y la redención urbana. Has salido a correr, como de costumbre. El asfalto todavía escupe el calor del día. Miras tus dedos manchados de tierra y sudor. Las flexiones moldean tu cuerpo y calman tu mente. El mundo acaba pesando lo que pesan tus recuerdos. Te detienes frente al semáforo que te pide cautela en rojo, como tus pensamientos. La ciudad te grita al oído verdades que optas por ignorar. No buscas salvación en ojos de extraños, tampoco su perdón. Sabes que la redención habita en las suelas de tus zapatos o en el silencio que sigue a una confesión interrumpida. ​Tus pasos conocen el ritmo de las baldosas sueltas de tu camino. Evitas los charcos de aceite, tanto o más que los de agua. La libertad te golpea una y otra vez como un puñetazo en el estómago. Sientes el frío del metal en la barandilla. Subes los escalones de dos en dos, emulando la superación. El aire huele a comida barata y a desinfectante. Una mezcla genuina que te vuelve a recordar que lleg...

REFLEXIONES SOBRE EL TIEMPO, LA MEMORIA Y LA SOLEDAD

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Es curioso cómo la memoria se pierde en un callejón sin salida cuando buscamos algo de esperanza. Me reconozco en esa desidia, en esa pelea perdida de antemano contra las agujas que no sabremos nunca cómo parar. Escribir sobre el tiempo es, al final, la única forma que tenemos de intentar detenerlo, aunque sepamos que la tinta acabará secándose y el reloj seguirá dando vueltas sin importarle nada más. Me sobran los motivos para desconfiar de los calendarios, crueles y silenciosos que se llevan los besos que no di y los «te quiero» que se quedaron en la garganta, tal vez por orgullo o por simple desazón. Camino por las calles recorridas una y mil veces. Entre pantallas que tratan de brillar más que los neones de la ciudad y ese ruido constante que intenta tapar el vacío. Admito que la ausencia es puro dolor, colándose por las costuras del corazón, recordando que cada pérdida es un peso muerto en el bolsillo. Se aprende a convivir con el fantasma de aquello que pudo ser y no fue,...

LOS ATAJOS AHORRAN TIEMPO

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  Los atajos —dicen— que ahorran tiempo, como si el alma pudiera ser despachada en minutos. Como si la herida sanara con un parche de frase motivacional. “ Sé tú mismo ” , gritan los gurús en sus tronos de espuma, mientras venden espejos rotos a cambio de fe embotellada. Pero nadie pregunta qué hacer con las respuestas cuando duele ser uno mismo.   Los caminos cortos atraviesan selvas de plástico, con árboles de hojas invisibles o raíces que no tocan la tierra. El sufrimiento entonces es censurado y el miedo se etiqueta cuando la tristeza se convierte en " contenido ". ¿Y qué si no quiero llegar rápido ? ¿Y si quiero perderme, rasgandome las rodillas en cada caída, sangrar hasta entender que no hay destino, solo el camino ? No necesito salvarme, necesito encontrarme , en el temblor, en el error, en la pregunta que nadie  nos hace. Que me dejen con mi barro. Que se guarden sus mapas. Prefiero el desatino a romper el silencio con voces ajenas... P.D.:  No v...

NADA QUE DECIR

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​En estos momentos escribo por escribir. Un caudal de dedos nerviosos pulsan sin ton ni son las teclas en su devenir, al intentar hilvanar palabras al azar. Un enjambre de locuras enjauladas al despertar cada mañana, empapado de tanto soñar. ​Mil lágrimas y una sonrisa encauzan el alfabeto del deseo, creando un charco de palabras más o menos coherentes, al recrear en una noche más la oscuridad. Por mucho que busco, no encuentro las palabras correctas; al menos, las que tienen sentido en un estado de catarsis existencial que trata de purificar el viento embriagador. ​El fallo radica en no saber qué contar. El significado apenas importa si hay la suficiente inspiración , dirección, ritmo o melodía que suene bien en los oídos. Me consuelo emborronando el blanco de mi pantalla con pensamientos, en ocasiones contradictorios, que girando a mi alrededor mantienen abierta la guerra conmigo mismo. ​Palabras adormecidas tratando de frenar mi paso delirante por la espesura infernal de qui...