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HOY QUIERO DEJARME LLEVAR

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  Hoy quiero dejarme llevar por algún principio sin final, alzar la mirada girando a mi alrededor y observar las estrellas sin esperar la llegada de la oscuridad. Quiero dejarme acariciar por la brisa marina sin estar frente al mar, cabalgar en sueños de besos engalanados y engañar al tiempo mientras, escondidos de todos y de todo, nos dejamos llevar. ​No lo puedo evitar: hoy quiero dejarme llevar, hoy tengo ganas de más. Quiero dejar de perder el instante, aun con rayos y centellas tratando de entorpecer las ganas de volar. No existe la mirada indiscreta bordeando la orilla imaginada, ni métrica tan perfecta que nos haga caer en el desatino de no recorrer juntos nuestro destino. ​No quiero rimas sin sonrisas ni intentos inalcanzables, ni escatimar en caricias la sana verborrea de seducir y conquistar el dulce altar, desde tu boca a mi boca, donde los sentidos y el amor se enriquecen y el ruido de fondo desaparece... ​ PD: No hay que dejar para mañana lo que puedes amar hoy.

DUELE EL DOLOR

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Duele la sombra escarchada. La inocuidad es solo fachada cuando sonríe, cuando se escuda tras la máscara mostrada a los demás, escondiendo las uñas afiladas del más duro metal. Alimenta el dolor a su antojo al manejar los hilos de la conciencia ajena. ​Duele el dolor enquistado, la savia negra escudriñando la debilidad endiablada; un ataque directo a la yugular con el que dejar herida, vacía de sueños y moribunda de alegría la vida y su cantar. ​Duele la sombra inmaculada, el terror de su avalancha cuando, agazapada bajo las sombras, inmortaliza el verbo «dañar» a costa de engañar a los demás. Lúgubre esquizofrenia del mal. ​No hay salida... o sí. Tela de araña girando a mi alrededor que habrá que rasgar para poder escapar. O no... ​ P. D. Existen múltiples formas de acosar a los demás...  

MÍSTICA LOCURA

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  Locura mística tejiendo la fragilidad de un momento de inocuidad donde nada importa; solo la inestabilidad producida por el efecto del tiempo enquistado. ​Complejo e intuitivo, el corazón reclama el derecho de poder amar. Mirada inquisitiva al contemplar el equívoco o el acierto de aceptar el desorden de la confianza. ​Vive y muere la trémula piel, desgastada de tantos besos y abrazos, mientras la distancia se encarga de envenenar el aliento en mi boca y el desconsuelo en su cielo. ​Vulnerable la razón, soy dueño de mis actos, pero no de sus consecuencias. Creía que todo lo tenía y nada me faltaba: prepotencia inmaculada de sueños alados. ​No te vayas, no me dejes. Todo importa. Nada es suficiente, como insuficiente lo es todo si no respiras el aire que afirma lo mucho que te quiero y lo poco que te lo digo. ​ P. D.: A veces olvidamos alimentar la verdadera razón del amor.

LA MIRADA PERDIDA

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  La mirada perdida y la garganta cansada, lamentándose de no poder tragar la soledad que deparó su despertar. Un buen día, sin darse cuenta, pero sufriendo la nada bajo la piel, se reencontró con sus sueños adormecidos. ​Estos susurraban promesas de papel, desplegando el tiempo a intervalos despreocupados. En el corazón, la miel; y en el alma, el tropel acelerado macerando la hiel. ​La mirada perdida, indiscreta la almohada que, a sabiendas de la oscuridad, no deja de reflejar la necesidad de poder contar su verdad. ​ P.D.: Bueno y malo se fusionan al despertar...

PENSAMIENTOS

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  Pensamientos que, desnudos, cuentan deseos inoportunos; raudos y veloces, alzan el vuelo hacia lugares donde no existen olvidos que entorpezcan los recuerdos. ​Indomables los pensamientos que rugen por emociones sostenidas. Espacios en blanco, obstinados en liberar sonrisas inconclusas que enmarquen el reencuentro. ​Frágil el cordón umbilical de los pensamientos nocturnos: eternos revuelos que viajan sin descuentos por la oscura tragedia de la impericia de mantener el momento. ​Perpetuo temor escénico dilucidado por pensamientos intrépidos. Diseño y ensayo de acrobacias mentales girando a mi alrededor, por recuperar el calor de tu cuerpo a mi lado. ​ P. D.: ​Pensamientos feroces que favorecen o entorpecen el reencuentro tras la tormenta.

RECORRIENDO

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  Recorriendo la complejidad de mis entuertos, no es necesario perderse en laberintos maltrechos para idealizar el todo por el todo; porque, al final, somos nada y, de la nada, el sueño de perpetuar la utopía de la eternidad. ​Recorriendo el laberinto de la sangre por mis venas, no hace falta derramar el fluir de mis sentidos ni demostrar, cual fiel destino, que sigo vivo. Tampoco desembarcar en supuestos caminos que conducen a lo desconocido. ​Recorriendo el misterio de lo divino, más allá de lo que imagino, no encuentro remedio para resolver el desatino de la verborrea. Esa que ilusiona el deambular del torbellino que rompe y rasga el sentido de mis suspiros. ​ P.D.: Después del antes, nada vuelve a ser lo mismo girando a mi alrededor...      

PASARA LA ILUSIÓN

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  Pasará la ilusión, la necesidad de interpretar para poderlo contar; pasará la vida, la importancia de visualizar cada instante al despertar. Nada es para siempre: la eternidad es empezar, reinventar y, en cada caída, levantar; alzar la mirada y preguntarse por qué pasará la ilusión, si no hay que dejar varada la necesidad de continuar... ​ P. D.: Sea como fuere, la vida te pone a prueba en cada paso que das...