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EL RECORRER DEL TIEMPO

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  El recorrer del tiempo, día a día, a través de lo que siento, de las palabras, de los gestos en pos del viento. ​Catorce años a contrapelo y en la vorágine de los sentimientos; los claros y oscuros se vuelven eternos, alimentados por el replicar efímero de las voces del silencio. ​El recorrer del tiempo recuerda mi vuelo a ras del suelo, entre la efímera mirada y la perspectiva más mimada. ​El constante devenir de los sueños busca ser cómplice de mi aliento. En estos catorce años, he subido a los cielos y bajado a los infiernos, manteniendo el equilibrio cual funambulista improvisado de secretos ajenos y anhelos intensos. ​El recorrer del tiempo me trae besos robados y versos traviesos, donde los sueños hambrientos se funden girando a mi alrededor. ​ P.D.: ​El recorrer del tiempo, tras catorce años, sigue girando a mi alrededor con los brazos abiertos.

TRECE DE OCTUBRE

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      He dejado de creer que el tiempo acabe cerrando las heridas. Ha transcurrido demasiado tiempo y, aun así, el corazón sigue prisionero, malherido y descolorido; maltrecho por la ausencia. ​Y aunque los sueños queramos alcanzar, solo se nos permite despertar, porque los sueños cuentan con un final. No basta con recrear el lugar, tampoco con alargar la espera. ​No quiero ponerte triste: es verdad que el tiempo nos ayuda a ordenar los sentimientos, pero también es verdad que el desconsuelo de la ausencia seguirá siendo eterno. ​ P.D.: ​Por mucho que pasen los años, como cada trece de octubre girando a mi alrededor, mis palabras recuerdan tu ausencia...

PALABRAS

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  Palabras olvidadas en coordenadas inventadas: un beso, una flor. Frágil la eternidad, sobra la verdad; insensata armadura tratando de esconder mariposas enamoradas. ​Palabras emocionadas en noches encadenadas: un roce, una caricia. Dulce la espera, agria la mañana; insolente despertar en la triste compañía de almohadas desoladas. ​Palabras inventariadas en hojas desordenadas: un «te quiero», una razón. Perpetua la búsqueda, ansiada la algarabía; piruetas en el aire que respiras mientras me dejo cautivar por tu mirada. ​ P. D.: ¿Qué sería de nosotros sin las palabras?

HOY QUIERO DEJARME LLEVAR

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  Hoy quiero dejarme llevar por algún principio sin final, alzar la mirada girando a mi alrededor y observar las estrellas sin esperar la llegada de la oscuridad. Quiero dejarme acariciar por la brisa marina sin estar frente al mar, cabalgar en sueños de besos engalanados y engañar al tiempo mientras, escondidos de todos y de todo, nos dejamos llevar. ​No lo puedo evitar: hoy quiero dejarme llevar, hoy tengo ganas de más. Quiero dejar de perder el instante, aun con rayos y centellas tratando de entorpecer las ganas de volar. No existe la mirada indiscreta bordeando la orilla imaginada, ni métrica tan perfecta que nos haga caer en el desatino de no recorrer juntos nuestro destino. ​No quiero rimas sin sonrisas ni intentos inalcanzables, ni escatimar en caricias la sana verborrea de seducir y conquistar el dulce altar, desde tu boca a mi boca, donde los sentidos y el amor se enriquecen y el ruido de fondo desaparece... ​ PD: No hay que dejar para mañana lo que puedes amar hoy.

DUELE EL DOLOR

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Duele la sombra escarchada. La inocuidad es solo fachada cuando sonríe, cuando se escuda tras la máscara mostrada a los demás, escondiendo las uñas afiladas del más duro metal. Alimenta el dolor a su antojo al manejar los hilos de la conciencia ajena. ​Duele el dolor enquistado, la savia negra escudriñando la debilidad endiablada; un ataque directo a la yugular con el que dejar herida, vacía de sueños y moribunda de alegría la vida y su cantar. ​Duele la sombra inmaculada, el terror de su avalancha cuando, agazapada bajo las sombras, inmortaliza el verbo «dañar» a costa de engañar a los demás. Lúgubre esquizofrenia del mal. ​No hay salida... o sí. Tela de araña girando a mi alrededor que habrá que rasgar para poder escapar. O no... ​ P. D. Existen múltiples formas de acosar a los demás...  

MÍSTICA LOCURA

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  Locura mística tejiendo la fragilidad de un momento de inocuidad donde nada importa; solo la inestabilidad producida por el efecto del tiempo enquistado. ​Complejo e intuitivo, el corazón reclama el derecho de poder amar. Mirada inquisitiva al contemplar el equívoco o el acierto de aceptar el desorden de la confianza. ​Vive y muere la trémula piel, desgastada de tantos besos y abrazos, mientras la distancia se encarga de envenenar el aliento en mi boca y el desconsuelo en su cielo. ​Vulnerable la razón, soy dueño de mis actos, pero no de sus consecuencias. Creía que todo lo tenía y nada me faltaba: prepotencia inmaculada de sueños alados. ​No te vayas, no me dejes. Todo importa. Nada es suficiente, como insuficiente lo es todo si no respiras el aire que afirma lo mucho que te quiero y lo poco que te lo digo. ​ P. D.: A veces olvidamos alimentar la verdadera razón del amor.

LA MIRADA PERDIDA

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  La mirada perdida y la garganta cansada, lamentándose de no poder tragar la soledad que deparó su despertar. Un buen día, sin darse cuenta, pero sufriendo la nada bajo la piel, se reencontró con sus sueños adormecidos. ​Estos susurraban promesas de papel, desplegando el tiempo a intervalos despreocupados. En el corazón, la miel; y en el alma, el tropel acelerado macerando la hiel. ​La mirada perdida, indiscreta la almohada que, a sabiendas de la oscuridad, no deja de reflejar la necesidad de poder contar su verdad. ​ P.D.: Bueno y malo se fusionan al despertar...