Cuando buscamos la verdad a través de un poema, es, como poco, un acto profundo, algo especial. La poesía tiene una manera única de expresar lo que muchas veces no podemos, o no nos atrevemos, a decir abiertamente.
Sentimos que andamos buscando algo esencial y verdadero en medio de un enjambre de emociones: el tacto, la sonrisa, la ausencia de tormentas o el nexo de unión con el huracán que agota nuestras fuerzas. Todo parece señalar el encuentro de una conexión auténtica en esos momentos que realmente importan, lejos de lo superficial, donde el alma se reconoce en el otro sin palabras.
Y la verdad, en este caso, parece estar ligada al deseo de eternizar lo efímero: la piel que no se siente, la sonrisa que tal vez anda perdida o está tan lejos que no puedes oírla. A veces, parece que el tiempo nos roba lo más valioso, pero quizá solo nos lo presta para enseñarnos a sentir su ausencia.
Quizás la verdad que buscamos sea la pureza de esos instantes, o tal vez el intento de comprender lo que significa realmente esa conexión humana tan íntima y única. En la poesía, la verdad no siempre es algo concreto o fijo. A veces, es la verdad emocional la que se siente más real que cualquier hecho.
O tal vez, la verdad que buscamos sea, precisamente, la sensación que queda cuando los momentos pasan, lo que permanece dentro de nosotros. Porque hay instantes que se desvanecen y sentimientos difíciles de acallar.
¿Crees que la verdad está en el recuerdo de esos momentos o en lo que esos momentos te hicieron sentir?
Deja que tu alma guíe tu camino, deja que el ruido se disipe, cierra los ojos y siente las puertas abiertas.
PD:
Deja que reine la calma...