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Mostrando las entradas etiquetadas como recuerdos

UNA FELIZ NAVIDAD

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  Un año más la Navidad vuelve sin llamar, sin pedir permiso. Se instala despacio, casi de puntillas, y me encuentra de nuevo: algo distinto, pero no distante. ​Sentado frente al fuego la escucho llegar. Ya no viene como antaño, envuelta solo en asombro; ahora trae memoria. Un equipaje cargado de nombres, de ausencias que saben sentarse cerca sin hacer ruido, de recuerdos que brillan más que cualquier adorno. ​La Navidad ya no intenta prometerme nada; se limita a recordarme quién fui y quién sigo siendo cuando el silencio se aposenta girando a mi alrededor y, sin ruido, habla. ​La contemplo mientras arden las llamas en la hoguera y sigo creyendo en ella como cuando era un niño, cuando se quita el disfraz del exceso y se queda en lo esencial: en una mirada que no necesita explicación, en un gesto pequeño que llega antes que las palabras. Hay una belleza sencilla en el frío que enrojece la piel, en el olor de unas castañas asadas, en las calles donde algunos caminan deprisa y otros s...

TRECE DE OCTUBRE

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Pudiera parecer que el tiempo cura las heridas, que los sueños tarde o temprano acaban por cumplirse, que el amor se pega a la piel como el aire cuando sopla de frente, que tras mucha oscuridad siempre hay un rayo de luz que ilumina lo suficiente como para recordarlo conscientemente. ​Pudiera parecer que, desde que te fuiste, sigues ausente; nada más lejos de la realidad. Las ausencias, como las consecuencias, siguen siendo un estado del alma que consiente la dolorosa pérdida, pero no concibe dejar de acariciar los recuerdos de tu presencia más allá de lo evidente. ​Pudiera parecer que todo se termina cuando el vacío se hace dueño de lo eterno; que no es huida, sino la partida hacia algún lugar más allá de la conciencia, más allá de lo efímero, porque el amor no es pasajero, tampoco se pierde por cualquier derrotero y aún menos siendo sincero. ​Pudiera parecer que no estás, pero estás… girando a mi alrededor. ​ P.D.: Por mucho que pasen los años, y como cada trece de octubre, de...

TRECE DE OCTUBRE

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Como cada día, revolotea tu ausencia tras el cristal. Los primeros rayos de sol se dejan entrever a través de los cortinajes; como cada mañana, juegan al gato y al ratón, rodeados de miradas inquietas, de sutiles movimientos y de continuas danzas en sombras que retoman el compás del viento. ​Es el tiempo en sueños maltrechos, en anhelos perpetuos que, por escurridizos, no dejan de ambicionar el destierro; mas no habrá olvido, sentimientos o razón para desvanecer tu recuerdo girando a mi alrededor. ​Como cada día, como cada trece de octubre, reinvento la osadía de mantener la emoción al coronar la intención y tenerte a mi lado como el primer día. ​ P. D.: Como cada trece de octubre.. .

TRECE DE OCTUBRE

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       Ajustando la métrica de los sueños ingrávidos, donde la asimetría de los sentimientos empuja los llantos en la oscuridad. Como cada trece de octubre, como cada día, toca renacer por dentro. Tal cual, como el alba al amanecer. ​Porque no existe la sordera del corazón ni tampoco la distracción de los sentidos; santos y locos que buscan auxilio perpetuo en recuerdos que nunca desaparecerán. Son estelas del pensamiento marcando el ritmo de la vida y su carrusel girando a mi alrededor. ​Mágica luz entre la opacidad del destino y la fragilidad que alimenta el tiempo y su largo camino. Sigo vivo, interpretando la dicha de sentirte a mi lado, de contrarrestar el paso de los años por las ausencias y el reencuentro que aún está por descifrar. ​ Pd: No existe el tiempo, tampoco el olvido, si te esfuerzas en reinventar un paso después del otro...

APUESTO POR SER

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Apuesto por ser, tan solo ser; sin ser el centro del universo, solo de mis adentros. Centrifugar el espacio y sentirme pleno dando forma a mis recuerdos. ​Apuesto por ser, tan solo ser, sin obligar a la brevedad del ser. Es simple, créeme: eres lo que sientes, y la falta de confianza se puede diluir en la invertebrada línea del horizonte. ​Apuesto por ser, tan solo ser, sin menospreciar este teatro constante de la vida; sin dejar de calibrar, inventar y reinventar las huellas cansadas que día a día me anteceden. ​Apuesto por ser, tan solo ser: un trovador de sueños, un encantador de versos, un observador girando a mi alrededor, humilde escritor de diálogos de un antes y un después. Por todo ello, apuesto por ser... ​ P. D.: ​Apuesto por ser, por ser quien soy, por mil entradas inimaginadas que, en un día no muy lejano, empecé girando a mi alrededor...

TRECE DE OCTUBRE

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Si pudiera interpretar el vaivén de las nubes, el instante de unas manecillas congeladas o el resplandor de tu sonrisa, liberaría mi alma de los misterios aflorados en la pluma de mis versos. ​Si pudiera resumir la fragilidad de algunos recuerdos, el desaliento que se torna elocuente o tu ausencia pegada a mis huesos, conjugaría los fragmentos con alegorías para no hacerlos eternos. ​Si pudiera enfrentarme a los vacíos, al olor del silencio o al vértigo de lo cotidiano, aceptaría la vigilia, absoluta e inevitable, sin temor; confirmando así que tu presencia sigue girando a mi alrededor. ​Y continuar... continuaré caminando con los pies descalzos, reinventando desde este otro lado de la orilla de la vida, donde no existe el tiempo para dejar de recorrer los volúmenes de tu ausencia. ​ P. D.:   Por mucho que pasen los años, seguirá habitando en mí tu recuerdo.

TRECE DE OCTUBRE

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Déjame recordar tus abrazos; prométeme no dejar de volver cada nuevo amanecer. No dejes de velar mis vuelos. Déjame acariciar la ternura de tus besos y estar a tu lado cuando, al despertar —como cada mañana sin dejar de recordar—, compruebo que la verdad sigue siendo que a mi lado estás. ​No me conformo con tu marcha; quiero seguir sintiendo mi alma temblorosa cuando te tengo cerca. No dejes de volar, no dejes de girar a mi alrededor; no dejes de estar tan cerca como quiero que estés siempre al despertar… ​ P. D.: No puedo ni quiero dejar de recordar tus abrazos.

TRECE DE OCTUBRE

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Desde algún lugar sanan las cicatrices; desde algún lugar el sol parece más brillante. Sácame esos miedos que engrandecen mi debilidad; píntame las estrellas del color de la continuidad para no olvidar nunca ese pedacito de cielo que necesito seguir compartiendo contigo. ​Desde algún lugar mi sentir sigue esbozando tu sonrisa; desde algún lugar me viene la fuerza para continuar, como cada trece de octubre o cualquier otro día. ​Desde algún lugar se confunde la realidad, aunque solo quede el sentimiento de tu ausencia, el vacío de tu presencia. Desde algún lugar te sentiré siempre cerca porque, den igual las vueltas de tuerca, nunca de mi lado te irás. ​Madre, sé que desde algún lugar la brisa siempre nos acercará… ​ P. D.: Como cada trece de octubre, las ausencias se acentúan.

CALMA

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Resbalo por recuerdos sin olvidos, dejándome llevar por esta última sonrisa al terminar el día, cuando a solas se diluye la compañía. ​Es entonces cuando se produce la unión de dos almas que aguardan durante toda la jornada; todo ese tiempo sobredimensionado en espacios infinitos, sobreimpresionado en segundos interminables.  Todo ese lapso que dura la separación orquestada a nuestro alrededor, para fundirse, al fin, en la calma que regenera nuestra oda nocturna… ​ P. D.: Nada como llegar a casa…

AUSENCIAS

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Nunca el olvido será testigo de nuestro destino.  Recreo como puedo esos momentos vividos, donde la vida no era mejor ni peor, sino especial; momentos que empapan sensaciones a pesar del tiempo transcurrido, con ese olor añejo que circunda la oscuridad, recubriendo de pasada cada centímetro que ambiciona regresar. ​Mas no hay vuelta atrás, salvo rememorar cada mirada que puedan reparar los suburbios del corazón. El juego continúa; no hay forma de cambiar el resultado en contra. Los vacíos se acrecientan, sumando al otro lado las ausencias y restando de este la sutileza verbal del sentimiento eterno. ​Suda la pena y se niegan los argumentos a pesar de los caprichos del tiempo y sus consecuencias, escenificando mis pasos desde entonces, cuando tu marcha me creó un profundo sentido de lo efímero.  Es la dura realidad de la vigilia del vértigo: saber que no me puedo contentar, que la ausencia resquebraja los segundos, que los segundos duran eso, segundos, y que est...

QUISIERA

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Quisiera acostumbrarme, pero no puedo. Sigue siendo tan difícil que desearía ser un poco como una estatua de piedra para poder encajar cómo las velas a mi alrededor que van extinguiéndose... para no sentir ese dolor vacío de la ausencia, esos huecos que se hacen más grandes cada vez que miro. ​Quisiera acostumbrarme, pero no puedo; quisiera ser fuerte y ser un poco extraño, pero no puedo. Sabía que ya no te encontraría, pero aun así quería despedirte. Quería decirte que, aunque pareciera haberse apagado tu vela, solo lo parece, porque tu luz y la de aquellos que tanto echo de menos seguirá encendida allá donde los recuerdos no se olvidan. Allá donde la memoria necesita ser eterna para que la vida siga siendo vida. ​Hago mía esa coletilla, esa que solías decir muy a menudo para recordártelo: «¿Estamos...?». Un beso y un abrazo dondequiera que estés... ​ P.D.: Los huecos son difíciles de llenar con las ausencias, por eso quisiera no dejar de recordar para mantenerlos c...