Girando a mi alrededor y conforme pasan los años, se acentúan mis convicciones sobre la Navidad. Irremediablemente el tiempo pasa y mi percepción ha cambiado desde que era niño, cuando la felicidad se hacia hueco sin tantos despilfarros, sin tantas florituras, la sencillez llevaba consigo darle mayor importancia a esas pequeñas cosas que las hacia grande. Hay otro lado de la Navidad, se apellida tristeza, por tanto cariño anclado en el camino, los recuerdos en estas fechas parecen punzar mas de lo habitual, los encuentros familiares disminuyen por un lado y aumentan por otro, dándole a las leyes de la vida ese protagonismo que tanto desea. Sigue la Navidad siendo el pretexto idóneo para lucir la mejor de las sonrisas, para ser un poco mas humanos, la ternura cohabita con la esperanza y las buenas intenciones nacen eufóricas de nuestros actos, los bolsillos se deshilachan y las luces colorean nuestras mejores miradas. Me gusta la Navidad, ese olor...
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