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20 junio 2014

BESOS



Escaleras imaginadas por las que subió, bajó y volvió a subir; por el borde de sus sueños, desde el suelo al infierno y desde el cielo al infinito. Desde el infinito al suelo y desde el infierno al suelo, donde pudo dibujar aquella guarida donde acompasar sus lamentos.

​Intentaba llenarlos de pequeños momentos, de dulces encuentros, de noches a media voz y de miradas cruzadas entre versos en duelo. De todas esas cosas que aún le faltaba por contar, con colores intensos y besos completos, con sentimientos guardados en algún baúl perdido tras el cortinaje de lo imposible.

​Pero no temió al no encontrarle y, percibiendo aún su esencia, abrió las ventanas de par en par. A pesar de la ausencia, alzó la voz en contra del viento, escaló montañas y, aun en contra de su paciencia, demasiadas veces cayó, derrumbándose en el vacío del desencuentro.

​Cayó hasta el punto de que sus pies desobedecieron sus premisas; hasta el punto de que su corazón pidió a gritos que llegara el final de la pesadilla por no tenerla cerca, por no sentirla cerca. Allá donde las caricias se hacen eternas, donde las palabras se confabulan tiernas...

​Y fue así como subió, como levantó el vuelo y, a pesar de todo, lo hizo. Llegó y, en el calor de su cuerpo, se enredó.


P. D.: Porque nada es imposible si creemos en ello.