Y visten mis sueños de palabras inanimadas, versos que buscan el sendero del acuerdo entre creer o dejarse hacer, para convertirse en rumor del viento caprichoso, de lo eterno. Tal vez forzado, tal vez imaginado, pero siempre enganchado a esa delgada línea que delimita el horizonte que alcanza la mirada.
Mas no habrá silueta ni sombra capaz de enhebrar el destino impuesto en noches de luna blanca; no habrá susurros encadenados capaces de dibujar la sonrisa cómplice de tu ternura. Ni siquiera llego a alcanzar la tenue voluntad de acaparar cada uno de tus gestos, cada uno de tus versos que atesoro bajo la almohada de mis sueños...
P.D.:
Entre sueños y verdades descansan las voluntades.
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