No creo que sea débil; ninguna debilidad me dejaría levantarme una y otra vez. Cuando se es fuerte, o se intenta serlo tan solo con desearlo, puedo poner en duda la ley de la gravedad: caer sí, pero levantarme después.
Reconozco mi torpeza, pero también mi privilegio: seguir aprendiendo de mis caídas, de tragar polvo en la sequía y de mojarme cuando llega la tormenta. No hay que desfallecer, el teorema viene después.
No merece la pena malgastar una hora de sueño si sabes que no te alimentará. No existen los «después» si de esperar se trata; mejor no sucumbir al destierro y sí al reinventar cada paso que viene después..
P. D.:
Preocuparse por el después solo trae dejarse llevar y no hacer nada por solventar la posibilidad.
