Cuentan que la caída fue estrepitosa, que los sueños pudieron con él. Cuentan en susurros que el tiempo se encargó de solventar los ruidos y volver a la quietud; cuentan que te cuentan la verdad sobre la presunción.
No hay más, todo se desvaneció. Solo quedó la brisa fresca recorriendo cada centímetro olvidado: un segundo eterno y versos que un día le recordarán que fue velero sin rumbo, sin ton ni son, presagiando la buenaventura y desafiando la inefable deriva, pulso a pulso con las mareas.
Bienvenida la emoción de recuperar el vaivén de las olas a través del corazón...
P. D.:
Al fin y al cabo, se trata de volver una y otra vez para continuar el viaje...
