Caminando solo, sin rumbo, de regreso a ninguna parte. Girando a mi alrededor vuelvo al punto de partida, abrazando el silencio, arañando infinitos argumentos para reinventar los mismos sueños.
En mis manos, la sombra de las tuyas, mientras la brisa acaricia mi boca desahuciada desafiando a la noche, que huele a tu ausencia. Tanto que respirar y tan poco espacio para hacerlo.
Juegos y destellos de incertidumbre. Atrás quedó la dulzura adosada a tu mirada, el calor de un gesto, de una palabra o de un sueño. No… no sueño. Despierto escuchando tu respiración y te abrazo; te abrazo mientras se disipan las pesadillas que ya no importan…
P.D.:
Solo hace falta despertar a tu lado para disipar las pesadillas que ya no importan...
