El reencuentro perfecto, frente a frente. Algarabía y felicidad, tristeza y apatía: un desbarajuste de sentimientos encontrados en cada paso, en cada abrazo. Eterno brillo deslumbrante al anochecer, velando la oscuridad para soportar la oblicuidad.
Luces parpadeantes de idas y venidas, de sueños y pesadillas. Besos y burbujas sobre recuerdos acuñados en el corazón; miradas de lágrima fácil, locuaz interpretación y difícil verborrea de emociones delirantes, de sensaciones envolventes.
Felicitación tras felicitación. No duelen las cicatrices, duelen las ausencias girando a mi alrededor: los huecos vacíos en la abdicación a favor del año nuevo.
P. D.: ¡Feliz Año Nuevo!