Decidió subir de los infiernos
asumiendo el ritual enloquecido,
para dejar atrás sus demonios
y exiliar el motivo de sus miedos.
Pensó en volver a los orígenes
buscando sentido a lo prohibido,
desterrando el clamor amargo
y el vacuo temor correspondido.
Deseó ser aire revoloteando
a su antojo en el cielo estrellado,
y olvidar, girando a su alrededor,
tanta locura para un enamorado.
Derramó lágrimas a destiempo
clamando al viento su estupor,
y dejó de menospreciar el tiempo
para no caer de nuevo en el error.
Confirmó el final de sus sueños;
y aunque los besos se pierdan
en los pliegues de la conciencia,
nunca se olvidará de los requiebros.
Prometió no volver la vista atrás,
olvidar el dolor y la desesperación,
para confirmar que la indiferencia
es la mejor cura para el desamor.
Recordó el color de sus ojos,
además de sus labios carmesíes;
decidió subir de los infiernos
con el dolor del olvido tras de sí...
Pd:
Es fácil
bajar
a los
infiernos;
lo difícil...
es subir.
