Como cada día, revolotea tu ausencia tras el cristal. Los primeros rayos de sol se dejan entrever a través de los cortinajes; como cada mañana, juegan al gato y al ratón, rodeados de miradas inquietas, de sutiles movimientos y de continuas danzas en sombras que retoman el compás del viento.
Es el tiempo en sueños maltrechos, en anhelos perpetuos que, por escurridizos, no dejan de ambicionar el destierro; mas no habrá olvido, sentimientos o razón para desvanecer tu recuerdo girando a mi alrededor.
Como cada día, como cada trece de octubre, reinvento la osadía de mantener la emoción al coronar la intención y tenerte a mi lado como el primer día.
P. D.: Como cada trece de octubre...

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