El otro día, observando cómo el sol se ponía sobre un campo teñido de rojo, no pude evitar pensar en la naturaleza indomable de las amapolas. Son como 'mariposas de seda', frágiles pero valientes, que nacen donde quieren aún en su cárcel de soledad...
Mariposas de seda en el trigal,
gotas de sangre bajo el sol;
nacen sin permiso de nadie,
ni del invierno que se marchó.
Tallo fino, ondeando al viento,
copa roja con la que brindar;
suspiros de solo un momento
que nadie puede domesticar.
Crecen así de valientes donde
otras no se atreven a brotar.
No las guardes en frío cristal:
su alma necesita la libertad.
Eres tan real como la amapola,
tan frágil, sutil e independiente,
que tu aroma y tu luz me llevan,
de flor en flor, hasta tu boca...
P. D.: Porque, si las cortas, de pena dormirán
bajo la reja de su cárcel de soledad...
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