Cuando cabalgar la dermis contraria rememora la necesidad de complementar la respiración contigua, no es necesario estar cuerdo; porque esa locura no necesita cura.
Tras el cristal, el resto del mundo y sus vaivenes a veces desorbitados. ¿Qué más da seguirlo si, cuando estoy girando a mi alrededor, dibujo el mundo perfecto a su lado?
PD:
La necesidad de no dejar de compartir el día a día…