Me gusta perderme para encontrarme después, recorrer lugares adyacentes con los ojos cerrados, sin temor a tener un traspiés. Viaje a ninguna parte, en un punto cercano, entre mi cabeza y mis pies.
Me gusta perderme girando a mi alrededor, sin evadir la soledad, con los ojos abiertos de par en par. Desde el exterior, queriendo ser espectador, entre el suelo y el cielo, de los aconteceres de mi interior.
Me gusta perderme, sin miedo, sin excusas, para encontrarme después. Sin enredos, sin prisas, a sabiendas de que reconocer los entuertos en un mar de sonrisas puede parecer —y lo será— que lo bueno viene detrás.
Me gusta perderme, de vez en cuando, sin hacer estragos; consciente de los errores, sin volver el derecho del revés. Tan solo pensando que conocer, o reconocer, que desde fuera con otros ojos se nos ve...
P. D.:
Me gusta perderme para encontrarme después; me gusta crecer en el intento de conocerme más y mejor.

Debe ser como renacer de tus cenizas, más fuerte...
ResponderEliminarMe alegro de que te encuentres, bien 😉
Un saludo
A pesar de la falta de tiempo, no hay que perder la esperanza, lo mejor viene después...un abrazote
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