En completa desigualdad de palabras y hechos, me encuentro perdido, absorto por la situación.
Calibrando la tensión y sopesando la disfunción, mucho me temo que, agotada la emoción, el tiempo pone a cada cual en su rincón. Allí es donde la luz besa la redención frente a la vida y frente al mundo, en perfecta comunión.
Cuando se pierde el control de respuestas que no tienen preguntas, es tan solo desesperación.
No subestimes los tiempos muertos: agazapados están tras las sombras. No desfallezcas; todo es cuestión de proponerse el triunfo como única condición.
P. D.: Nada que perder, todo que ganar...

