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23 diciembre 2025

UNA FELIZ NAVIDAD

 

Hombre sentado de espaldas frente a una chimenea moderna con velas encendidas y estantería con luz cálida.



Un año más la Navidad vuelve sin llamar, sin pedir permiso. Se instala despacio, casi de puntillas, y me encuentra de nuevo: algo distinto, pero no distante.

​Sentado frente al fuego la escucho llegar. Ya no viene como antaño, envuelta solo en asombro; ahora trae memoria. Un equipaje cargado de nombres, de ausencias que saben sentarse cerca sin hacer ruido, de recuerdos que brillan más que cualquier adorno.

​La Navidad ya no intenta prometerme nada; se limita a recordarme quién fui y quién sigo siendo cuando el silencio se aposenta girando a mi alrededor y, sin ruido, habla.

​La contemplo mientras arden las llamas en la hoguera y sigo creyendo en ella como cuando era un niño, cuando se quita el disfraz del exceso y se queda en lo esencial: en una mirada que no necesita explicación, en un gesto pequeño que llega antes que las palabras. Hay una belleza sencilla en el frío que enrojece la piel, en el olor de unas castañas asadas, en las calles donde algunos caminan deprisa y otros se detienen sin saber muy bien por qué.

​Tal vez eso sea la Navidad: un paréntesis donde la humanidad, no como conjunto, sino como sentimiento, se atreve a salir sin protección.

​Es difícil ignorar la tristeza, porque la conozco. Me acompaña y comparte el calor cuando se sienta conmigo frente a la hoguera. No la escondo, pero tampoco le cedo el mando. La noto en los huesos y en los huecos, en las sillas que pesan más cuando están vacías, en las canciones que regresan sin ser llamadas.

​Aun así, aprendo a convivir con ella, a dejarle el espacio que le corresponde: una luz discreta para que no apague todo lo demás.

​Me gusta pensar que la Navidad se equivoca de fechas a propósito. Que no entiende de calendarios ni de finales. Que aparece cuando compartimos sin calcular, cuando perdonamos sin discursos, cuando damos sin esperar nada a cambio.

​Ojalá nunca se marchara del todo. Ojalá supiéramos invocarla en cualquier día cansado que necesite de su luz, en cualquier mes. Porque cuando eso ocurre, aunque no haya luces ni villancicos, algo muy parecido a la Navidad vuelve a suceder y, si lo logro, aunque sea a ratos y en silencio, será entonces cuando la Navidad siga encontrándome, como cada año, sin llamar.

P.D.:

Que la Navidad nos encuentre, aunque sea en silencio.

Hombre meditando frente a una chimenea lineal en un salón acogedor con un árbol de Navidad iluminado al fondo.


¡UNA FELIZ NAVIDAD!





11 diciembre 2025

CUANDO PASAN LOS AÑOS



Cuando pasan los años 1


Pasan los años girando a mí alrededor, uno detrás del otro y de nuevo, vuelta a empezar; los lugares se marchitan, otros florecerán en su lugar. Lo que antes eran sonrisas, ahora solo son un recuerdo fugaz.​

​El viento a toda prisa, dejó de soplar, locuaz figura que el tiempo intenta borrar, más no hay espejo que pueda ocultar, las señales inequívocas de los sueños estancados en algún rincón que ya no brilla igual.

​Hay que renegociar, gritarles a las sombras, que aún soy capaz de volver a despertar, asumiendo el pasado como escuela y el presente como secuela de un futuro donde mi mejor tarea es la de vivir cada instante como si fuera el último...

​No hay tiempo perdido, ni rincón para mendigarlo, si el corazón es la medida y el alma el templo de nuestra dirección para recrear cada ilusión.



Cuando pasan los años 2





​P.D.
​Y bueno sería recordar 
que la única herida que no cicatrizará,
será aquella que el miedo se niegue a tocar...





04 diciembre 2025

EL PRIMER PASO DE UN NUEVO COMIENZO



Una pareja joven  camina de espaldas por una calle peatonal de noche, bajo la luz cálida de farolas y escaparates, con gente en el fondo, sugiriendo una observación o la perspectiva del narrador.



Después de aquella coincidencia, el corazón lo tenía desbordado, como si flotara en una alegría que apenas contenía.


 Era como si la perspectiva del mundo hubiese cambiado de golpe. Dejé de ser sombra para convertirme en parte de la luz, tu luz, sonriendo sin razón aparente, solo por el simple hecho de haberte encontrado, de saber que pronto volveríamos a vernos.



​Mientras caminábamos, el mundo parecía distinto, un universo paralelo donde cada rincón desprendía un brillo nuevo y especial. Los colores se intensificaban, el aire olía a promesa y cada sonido de la calle era la sinfonía que acompañaba nuestros pasos.


 No importaba la gente que pasaba a nuestro lado, ni el ruido del tráfico que a lo lejos;  se diluía, haciéndose transparente, porque la única realidad palpable eran nuestras risas contenidas, la cercanía de tu brazo rozando el mío en el camino de vuelta a tu casa.



​Disfrutaba cada instante de aquel paseo, queriendo que no terminara jamás. Sabía que difícilmente podríamos perder aquello que habíamos encontrado; era un tesoro demasiado grande, demasiado auténtico, como para dejarlo escapar. Pero también sabía que, a partir de ese momento, tendríamos que construirlo día a día, con la delicadeza y la pasión de quien moldea un sueño.


​Llegar a tu puerta fue un punto y aparte, no un final. Aquella despedida, tan dulce como inevitable, era, en realidad, el principio de todo lo que habría de llegar. La mirada que compartimos antes de separarnos lo dijo todo, una promesa silenciosa que bailaba en el aire de la noche. 


Buenos augurios merodeaban girando a mi alrededor y mientras te veías entrar, no podía dejar de imaginar cómo sería mi vida a tu lado, con la certeza de que este nuevo camino, nuestro camino, apenas comenzaba a escribirse con la tinta del color de la felicidad.


En una calle peatonal nocturna, una mujer de pelo largo y oscuro se adentra en un edificio iluminado, mientras un hombre con barba y camisa denim observa su partida desde la distancia, inmerso en sus pensamientos. Luces de farolas y escaparates iluminan un ambiente de ciudad, con figuras difuminadas al fondo.




Pd: La vuelta a casa me hizo feliz, porque no deje de pensar en ti...




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