No hay que desesperar cuando se nos vuelve eterna la impaciencia. Cabalgando a lomos de nuestras metas, tratamos de domarlas sin reparar en que, a nuestro alrededor, el tiempo sigue tarareando los segundos en nuestra contra.
Pero, aun impacientándonos, llegará el día en que todo aquello que soñamos con decirle se podrá, al fin, dibujar con un beso.
P. D.: Tan fácil como un beso...

Todo es más sencillo cuando es un beso el que lo expresa.
ResponderEliminarUn beso dulce
Las palabras sirven a la vulgar cotidianidad. Para todo lo demás, mejor el beso.
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