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28 julio 2014

EN MOMENTOS DE HASTIO





En momentos de hastío, me dejo llevar por aquello que mis dedos —inconscientes, involuntarios, indefinidos y espontáneos— transportan: el deseo subyugado del peso eterno de los sueños incumplidos. Sobrevivo al continuo vaivén del vuelo al compás del viento, entre los caminos cercanos y los deseos lejanos.

​Vuelvo a recordar el sentido de una caricia, de un beso o de aquel roce que inyectaba, sin proponérselo, la magia de cualquier quimera; sin alquileres ni premisas que enturbiaran el buen hacer de la vida.

​En momentos de hastío, me dejo llevar por mis dedos toqueteando el teclado, sin ton ni son, sin principio ni final, sin lecturas. Están vacíos de la envergadura del contorno de lo imposible; tan solo inventando o reinventando, quién sabe, un lugar donde sentir la felicidad a flor de piel. O tal vez buscando esos deseos sin contraindicaciones ni supuestos orquestados, solo con el fin de rellenar los rincones de la soledad...


P.D.: La soledad, a veces, se convierte en hastío cuando no es deseada.





22 julio 2014

NO SABRIA DECIRTE




No sabría decirte cuánto te quiero. No sabría decirte qué sería de mí sin ti, ni sabría decirte lo que, acongojado en la garganta, revienta por salir. Hay tantas cosas que pienso y no digo, que sería imposible enumerarlas.

​De liberarlas, el «imposible» fue desterrado de mi vocabulario; pero, aun así, no dejo de pensar que la posibilidad cayó por su propio peso. Que no habrá más intermedios ni finales felices, tan solo la agonía de la soledad.

​Maldita claustrofobia de no poder decir las cosas tal cual se amontonan en los suburbios inventados de mi equidad; en el vertiginoso equilibrio al que me obliga la realidad y en los lamentos amontonados de la debilidad por mantener el vuelo a ras del suelo.

​No sabría decirte y, aun así, tengo que decírtelo…


P. D.: Cuando el silencio enmudece las palabras, siempre nos quedará algún teclado donde exteriorizarlas.





14 julio 2014

SONREIR





Cuesta sonreír cuando los sueños no se hacen realidad. Cuesta sonreír cuando el gris del día te recuerda que, a veces, tienes que perder para saborear que alguna vez puedas ganar.

​No encontrar motivos para sonreír supone la ingravidez de la posibilidad; supone el destierro de ese lugar llamado felicidad. Cuesta sonreír cuando las cosquillas te desesperan, cuando lo que recibes no es lo esperado.

​Entre esbozos inventados, entre supuestos organizados, de paso hacia ese lugar donde no existen quimeras, cuesta sonreír cuando no nos levantamos del suelo, cuando el dolor se vuelve inesperado.

​Cuesta sonreír ante lo obligado, ante el destino inusitado; en aquella lágrima que desborda sin habérselo buscado. Cuesta sonreír, y no es que no nos lo podamos costear: cuesta sonreír viendo de qué modo la vida está girando a mi alrededor...


P. D.: Cuando miras a tu alrededor... hay muchas cosas que no quisiéramos que existieran.




02 julio 2014

POSIBLEMENTE





Es difícil, a veces, aceptar que todo se nos da; que no existen quimeras ni altares confeccionados para esculpir voluntades. Aun así, las premisas dejarán claro el susurro en el paladar y, sin cortapisas —como el caballero del gran viento mistral—, nos tomarán y vitorearán entre los abrazos perdidos.

​Porque posiblemente podamos errar, posiblemente nunca estemos a la altura de lo que podamos soñar; posiblemente el tiempo pasará y desterrará aquel lugar de nuestras mejores primaveras, agrietando nuestras arrugas y revolucionando el recuerdo de lo que pudo ser y no fue.

​Preferiría llegar, quedarme corto o tal vez fallar, pero al menos lo habré de intentar. No quiero tener que discutir con la mirada perdida, entre los ventanales, de aquello que ni siquiera se empezó a edificar…


P.D.: Siempre existe la posibilidad de lo posible.