Cuesta sonreír cuando los sueños no se hacen realidad. Cuesta sonreír cuando el gris del día te recuerda que, a veces, tienes que perder para saborear que alguna vez puedas ganar.
No encontrar motivos para sonreír supone la ingravidez de la posibilidad; supone el destierro de ese lugar llamado felicidad. Cuesta sonreír cuando las cosquillas te desesperan, cuando lo que recibes no es lo esperado.
Entre esbozos inventados, entre supuestos organizados, de paso hacia ese lugar donde no existen quimeras, cuesta sonreír cuando no nos levantamos del suelo, cuando el dolor se vuelve inesperado.
Cuesta sonreír ante lo obligado, ante el destino inusitado; en aquella lágrima que desborda sin habérselo buscado. Cuesta sonreír, y no es que no nos lo podamos costear: cuesta sonreír viendo de qué modo la vida está girando a mi alrededor...
P. D.: Cuando miras a tu alrededor... hay muchas cosas que no quisiéramos que existieran.
Un abrazo
ResponderEliminarCuesta sonreir, pero tengo la suerte de que otros me ayudan a ello.
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