A cámara lenta fluyen los minutos; pareciera que fuesen horas y, sin embargo, no son más que segundos. Cuenco de ilusiones, torbellino de razones concentrados en transparentes borbotones de letras que aguardan agazapadas en la garganta.
Tras la espera, tras los sueños, buscan la oportunidad de desprenderse de los tiempos para organizarse, para reproducir y contribuir al mágico instante en que la vida suena, susurrando en nuestros oídos melodías de optimismo.
No hacen falta horas, minutos o segundos para recordarnos, a cámara lenta y en un suspiro, esa razón para seguir respirando.
P.D.:No hace falta perderlo todo para darnos cuenta de aquello que tenemos.
Demasiados años a cámara lenta ya, demasiados...
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