No te molestes, no apuestes a que la luna se atreva a contestarte o a que la tormenta desparrame la densa humedad sobre la pesadilla infame. No te empeñes, no protestes: el tiempo continuará su camino y todo aquello que orquestes estará inerte antes de que lo intentes.
Cierra los ojos, déjate llevar, no dejes de demostrar tu alegría; vivir el día a día ya se puede convertir en la mejor algarabía. Cierra los ojos, demuéstrate que nada en la vida se extravía. Todo sueño o pesadilla presupone el primer paso hacia la coletilla de esperar las mejores vistas desde la ventanilla del tren de la vida.
No lo pierdas, no te olvides y recuerda: no cierres los ojos. Siente el viento en tus mejillas y vuélvete a reinventar como cualquier reflejo del amanecer en tus pupilas.
P. S.:Reinventarse no es pararse a cerrar los ojos dejando la vida pasar; es no perderse detalle y reincorporarse cada vez que los intentos se empeñan en vernos caer.
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