En este lugar donde escasean las miradas concretas, donde la verborrea de los sueños no encuentra poetas, se diluyen las promesas y se acrecientan las piruetas, dibujando tretas para contar historietas que enmarquen el solar donde bailan las marionetas.
Deja de apretar el cinturón de la imaginación y no permitas que las agujetas den muestras de omisión ante el dolor de las palabras secretas; ni siquiera por las pesadillas indiscretas que andan inquietas entre el desorden de las maletas, albergando siluetas, sosteniendo ideas que interpretas según te baile el influjo de los planetas.
No te comprometas, no te metas. Deja a tus pesadillas viajar en bicicleta; deja que las trompetas suenen a escopetas o, quién sabe, si a rabietas. No prestes oídos a recetas incompletas porque, si tus pesadillas no dejan lugar a noches perfectas, lo mejor es dejarlas en la cuneta.
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