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17 noviembre 2019

A CÁMARA LENTA






A cámara lenta fluyen los minutos girando a mi alrededor. Parecieran horas, pero no dejan de ser segundos en un cuenco de ilusiones; borbotones de palabras que aguardan el momento, buscando la oportunidad de derruir la incertidumbre y reconstruir su sombra en la pared.

​Con arena en los bolsillos, tal vez, pero contribuyendo al mágico instante en que la vida suena como un susurro en nuestros oídos. A cámara lenta, un suspiro y una razón para seguir respirando en un mar de sueños inquietos, de olas silenciosas rompiendo en la almohada.

​A cámara lenta, mientras la oscuridad no deja de empapar el corazón de quien sufre en silencio los avatares del tiempo.



P.D.: 

A cámara lenta, palabras que necesitan buscar el momento.







01 noviembre 2019

Y VOLÓ




Recogió sus alas, replegó los párpados y, dejándose llevar, se dispuso a escuchar. Sin prisas, sin pausas; no le importaba el tiempo, tampoco lo menospreciaba.

​Mientras el viento soplaba, la oscuridad temblaba, limitando su universo a esas cuatro paredes que le rodeaban: de un lado, su pasado; por el otro, su futuro; frente a sí mismo, su presente. Y desde atrás, la última pared, la de su conciencia, que no dejaba de recordarle quién era.

​Fue entonces cuando llegaron los susurros y los gritos, las risas y los llantos, las victorias y los fracasos, las penas y alegrías, el silencio y la algarabía, la noche y el día. Sueños y pesadillas, batallas imaginarias perdidas o ganadas, encrucijadas perpetuas; compendio de vida, de su vida.

​Ya no podía cambiar nada de su pasado, pero sí de su presente. Y sin pensar en las miserias, esbozó una sonrisa. Aun a sabiendas de que no podía, desplegó sus alas y, girando a mi alrededor, voló por encima de sus propias limitaciones; porque no hay nada peor que cortarse las alas negándose a volar.


P.D.:

Esbozó una sonrisa

y, aun a sabiendas

de que no podía,

desplegó sus alas

y voló...