Si la lógica de los sueños así lo permitiera, uno a uno caerían ingrávidos al suelo; como caen los deseos imposibles, los besos al viento o el balanceo por el vacío que bordea el infinito.
¿Cómo olvidar, pues, lo que no se ha aprendido? ¿Cómo recorrer en solitario paisajes desconocidos para desterrar el gozo o el dolor, como si nunca hubiesen existido?
Girando a mi alrededor y musitando palabras de amor a la sombra del olvido, aparecen rosas, espinas y el vaivén del recuerdo de tu pelo. Mientras tanto, cada palabra, cada verso —más allá de cualquier imperfección— presupone la emoción de ser el centro de tu atención.
Sin embargo, por desgracia, el desconcierto se instaura en cada paso, en cada suspiro, cual premonición de pájaros de mal agüero. El miedo a perderte se convierte en un carrusel de idas y venidas, de dimes y diretes, de sueños y pesadillas que rodean silencios en acrobacias mentales; todo por encontrar la lógica más humana, más cercana...
P. D.:
¿Dónde
encontrar
la lógica
de la métrica
perfecta?
