DUELE EL DOLOR
Duele la sombra escarchada. La inocuidad es solo fachada cuando sonríe, cuando se escuda tras la máscara mostrada a los demás, escondiendo las uñas afiladas del más duro metal. Alimenta el dolor a su antojo al manejar los hilos de la conciencia ajena. Duele el dolor enquistado, la savia negra escudriñando la debilidad endiablada; un ataque directo a la yugular con el que dejar herida, vacía de sueños y moribunda de alegría la vida y su cantar. Duele la sombra inmaculada, el terror de su avalancha cuando, agazapada bajo las sombras, inmortaliza el verbo «dañar» a costa de engañar a los demás. Lúgubre esquizofrenia del mal. No hay salida... o sí. Tela de araña girando a mi alrededor que habrá que rasgar para poder escapar. O no... P. D. Existen múltiples formas de acosar a los demás...