GIRANDO A MI ALREDEDOR CUMPLE 16 AÑOS
Girando a mi alrededor ya no es lo que era; después de dieciséis años, los tiempos y los tientos han cambiado. No sé si para mejor o peor, pero está claro que nada es lo que era y ahora, si no me cuentas nada que me atraiga en tres segundos, te scrolleo y no me vuelves a ver. Eso sí: te doy veinte segundos de mi atención, tal vez un poco más, si me convences, claro está. Devoramos información como palomitas —perdón, snacks —, sin parar; da igual el color, el sabor o la textura, si es de risa o de terror. Pasamos —de nuevo, perdón—, scrolleamos información e imágenes a la velocidad del rayo; aun así, me quedo corto. Da igual si caminamos, trabajamos, estudiamos o descansamos, eso sí: en la más absoluta soledad. Ahora no te llamo para cenar: te envío un mensaje aun estando en la habitación de al lado. No hace falta esperar o quedar en el parque o en cualquier lugar si estamos todos en el grupo de WhatsApp. Comprar, compramos en cualquier tienda virtual y en dos días lo tienes en el...