Me desperté soñando: un sueño interrumpido por la monotonía del despertador que, aun sin sonar, sigue marcando mis días como si no quisiera darse cuenta de que el mundo se paró. Me giré y ahí estabas tú. Mientras dormías, yo sonreía recordando mi sueño; soñaba con abrazos, con besos, con aquellos a los que quiero. Era un sueño deseado ante tantos días de inanición. No había rastro de llantos o desesperación, todo eran risas. Parecía primavera sin ser una cuestión de estación y, aun llegando por estos lares a nuestro balcón, tampoco se trataba de un lugar concreto. Ni siquiera se vislumbraba el suelo, el techo, la luna o el sol, pero sí mucha luz. Era tan solo un lugar, un espacio, un rincón; sin embargo, me sentía feliz pensando en cómo ambicionamos la felicidad. Queremos ser felices, o al menos esa es la intención, sin pensar que en un abrir y cerrar de ojos la podemos perder. Abocados a un mundo de prisas, hemos ido olvidando con el tiempo los pequeños detalles del «tú a...