En ocasiones y girando a mi alrededor quisiera ser invisible. No...,no estoy perdiendo la cordura, o al menos eso pienso o quisiera pensar, claro esta que veces ni siquiera llego a entender lo que realmente significa. Lo dejo estar, ahí, entre la delgada linea que divide la cordura que la mayoría retiene o la locura de aquellos que la atesoran como el bien mas preciado. Y es que ser invisible tiene sus ventajas, por eso me dejo llevar esta noche de sofocante calor por las correrías de mis sueños imposibles. Y he ahí que esta noche quise volverme invisible, por un corto espacio de tiempo y lugar, me dedique a pasear, a observar esas miradas de reojo, esas sonrisas desteñidas, ese saber estar cuando sabemos que se nos ve. La rutina se vuelve dicharachera, el complejo mundo de estar a la altura de las circunstancias se vuelve efímero, nadie parece ser lo que realmente es, o al menos cuando la intimidad que creemos tener, se vuelve espectáculo ante ojos invisibles que todo lo ve...