No hay vereda por la que encauzar el escozor de unos ojos llorosos tras los versos que suenan a susurros peligrosos, a besos sospechosos. La música suena, la letra se adivina, mientras el ritmo se complace en invitar a bailar, aunque solo sea con movimientos temblorosos.
En perfecta comunión con mi alrededor, sigo girando sin ton ni son, tratando de buscar ese lugar perfecto donde embaucar los silencios; donde dibujar la razón como parte de la reacción ante cualquier situación.
En perfecta comunión con mi alrededor, quisiera estar y no estar cuando así lo testifique la cuestión, necesitando, al fin, aprender a defender la posición...
P.D.:
A veces somos blanco de dimes y diretes que no saben muy bien por qué arremeten, sin tan siquiera conocerte, solo porque les apetece...
