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CUANDO LA REALIDAD DUELE

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  ​​ Entre la rutina y el olvido. Basta de rimas, de sueños imposibles y versos predecibles. Intenta sonreir, pero se pierde en sus propios pensamientos. En como la madera de la mesa que está pegajosa y en como el camarero limpia el vaso con un trapo sucio mientras tú miras la pantalla del teléfono esperando una señal que nunca llegará.  Limpiaste las hojas secas del rosal con las manos desnudas y ahora te sangran los padrastros. Es así de simple. Todo tiende a tener un porqué. El amor no es un paseo hacia la gloria. Más bien es ese olor a humedad que sube del sótano cuando abres la puerta equivocada. Te acuerdas de como recorrias el contorno de su espalda bajo la luz fría de la cocina mientras hervía unos fideos instantáneos, pensando en la inmortalidad del alma junto a ella. Qué soberana estupidez. Demasiados folletines televisivos afloran hoy en día de tu niñez. Y eso que ni siquiera los recuerdas. La poesía se escribe  con zapatos rotos. ​Te pones la chaqueta de cue...

TRES MENSAJES GUARDADOS Y UN ADIÓS SIN DESPEDIDA

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  La vida escuece, duele y mucho. Maldito el aceite caliente que te salpica con rabia en la camiseta mientras te fríes un huevo. Aún es peor cuando te salta en la muñeca y te sobresaltas de dolor, porque la vida escuece. Pero la mayoría de las veces, no solo escuece; duele. Duele y mucho. ​Miras de nuevo el móvil con la pantalla rota y vuelves a pensar que tienes que arreglarlo. Es un pensamiento que se diluirá una vez más, porque sabes que de nuevo se te olvidará. Hay tres mensajes de ella guardados en el buzón que nunca vas a borrar. De vez en cuando los reabres y piensas que aún sigue ahí. Te gusta engañarte, dándote esperanzas de algo que no sucederá jamás. ​Dos náufragos a la deriva en un charco tras la lluvia Te busca entre la gente que compra el pan a toda prisa. El sol pega fuerte en el asfalto derretido. Huele a gasolina y a azahar. Qué contradicción tan tonta. Te quiere con rabia, como se quiere a los perros callejeros que muerden la mano que les da de comer. También te o...

EL POLVO DOLORIDO DE LAS AUSENCIAS

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  Aprendiendo a existir en la soledad cotidiana.  ​Acostumbra a dejarse la luz del baño encendida; es una forma como otra cualquiera de sentirse acompañado al regresar a casa. Siempre llega tarde. Arrastra los zapatos por el pasillo como un hombre cansado tras cargar bolsas ajenas del supermercado. ​En el comedor, todo sigue como lo dejó. Mira la mesa: el cenicero guarda, olvidadas, dos colillas viejas y una moneda pegada por la cerveza seca. Piensa en su foto, que sigue torcida junto al reloj sin pila en el mueble del comedor. Nadie se atreve a corregir algo allá dentro. Todo se quedó anclado en el tiempo en el que aún disfrutaba de su compañía. Mantener su recuerdo intacto le hacía sentirse mejor. ​A veces abre la nevera por el simple placer de escuchar ruido, inmerso en esa soledad absurda que le acompaña todos los días. Ni hambre trae encima. Agarra una lata de cerveza, lee los ingredientes y vuelve a dejarla. Pierde el tiempo con idioteces como esas; reírse de uno mismo s...

EL CAMINO HACIA NINGUNA PARTE, ES A VECES, EL UNICO DESTINO

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ANATOMÍA DE UN DOMINGO CUALQUIERA  Aquel amanecer dominguero olía a churros, a café y a chocolate recién hechos. Sentado en una de las mesas del bar bajo tu ventana, esperabas ser atendido. La banda sonora de los que desayunaban felices conseguía traerte recuerdos lejanos. Y, mirando tus zapatos gastados, entiendes que la comunión con el mar suena idílica cuando estás lejos de la orilla, pero la verdad muerde los tobillos cuando pisas la cruda realidad. ​Terminas de desayunar y dejas atrás el murmullo insistente de aquellos que parecen tenerlo todo. Te metes las manos en los bolsillos del abrigo, donde guardas un tornillo suelto, un boleto de autobús caducado y un deseo absurdo de arreglar el mundo con una mirada. Perdiste el vuelo nocturno porque, una vez más, te quedaste mirando el parpadeo del tubo fluorescente en tu cocina. Esas cosas pasan. La mística se cae al suelo cuando recuerdas que debes pagar la luz hoy para que mañana no estés a oscuras. La mística se cae cuando hay ...

GESTIONANDO LA SOLEDAD NOCTURNA

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Cuando la noche se hace eterna: reflexiones sobre la soledad y los errores del pasado. Cierras la tapa del portátil. El silencio de la habitación te golpea en la cara como si fuera un guante mojado. Te miras las manos con esos diez dedos que acaban de vomitar tus vaivenes existenciales sobre el plástico negro del teclado, en un intento de sanar tus heridas interiores. Te preguntas si el tipo reflejado en la pantalla apagada te reconocerá mañana. Te devuelve un contorno borroso, una sombra que parpadea con la luz que entra por la rendija de la persiana.                      ​Sales a la terraza buscando aire puro, pero la ciudad te regala su aliento cargado de excesos. Miras abajo. La poca gente que camina de noche lo hace deprisa y pegada a sus teléfonos, esquivando charcos y miradas, atrapados en su propia dosis de normalidad programada. Ellos te ven como el bicho raro: el tipo que se queda estancado en el semáforo pensando en ...

ESCRIBIR PARA NO MORIR

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Reflexiones sobre la soledad y la redención urbana. Has salido a correr, como de costumbre. El asfalto todavía escupe el calor del día. Miras tus dedos manchados de tierra y sudor. Las flexiones moldean tu cuerpo y calman tu mente. El mundo acaba pesando lo que pesan tus recuerdos. Te detienes frente al semáforo que te pide cautela en rojo, como tus pensamientos. La ciudad te grita al oído verdades que optas por ignorar. No buscas salvación en ojos de extraños, tampoco su perdón. Sabes que la redención habita en las suelas de tus zapatos o en el silencio que sigue a una confesión interrumpida. ​Tus pasos conocen el ritmo de las baldosas sueltas de tu camino. Evitas los charcos de aceite, tanto o más que los de agua. La libertad te golpea una y otra vez como un puñetazo en el estómago. Sientes el frío del metal en la barandilla. Subes los escalones de dos en dos, emulando la superación. El aire huele a comida barata y a desinfectante. Una mezcla genuina que te vuelve a recordar que lleg...

APRENDIENDO A MANTENER EL EQUILIBRIO

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  SIN PEDIR PERMISO A NADIE Caminas por la calle masticando el humo de un cigarro apagado. Miras tus manos en un ademán de preguntar qué has hecho para merecer lo que tienes o dejas de tener. Están manchadas de tinta y fracaso. Te preguntas si alguien escucha el crujido de tus pasos sobre el cristal roto de las promesas que dejaste de cumplir. La ciudad rezuma ruido en cada esquina, mientras buscas una verdad que no duela tanto. ​El sol no deja de golpear el asfalto. No hay magia ni buena voluntad en este calor, solo ese olor característico a neumático quemado y a compulsiva desesperación. Escribes porque el pecho te quema, porque el corazón te lo dicta, no porque busques el aplauso de los maniquíes que dejas atrás en los escaparates. Tus palabras son piedras lanzadas contra los cristales blindados. Rebotan, golpeándote en la frente. Te dejan sangrando versos que nadie quiere escuchar y menos aún comprar. ​Buscas el rostro amado en cada reflejo y no puedes por menos que pensar que ...

APRENDIENDO A VIVIR

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Reflexiones sobre la soledad, el amor y el vacío emocional. Cierras los ojos intentando evadirte del ruido del tráfico que, tras las ventanas, sigue recordándote con su zumbido constante que el mundo continúa, aunque tú estés frenado en seco. ​Te levantas de la cama.  El suelo frío te devuelve a la realidad de ese piso pequeño que en los últimos años se ha convertido en tu morada. Miras el fregadero lleno de platos y las colillas apagadas en el cenicero: son restos de una noche donde intentaste encontrar una respuesta que nunca llegó. ​Buscas tu teléfono.  Quieres volver a escribir ese mismo mensaje que borraste diez veces ayer. Tus dedos tiemblan un poco. No es miedo; es el hambre de algo de verdad entre tanta luminiscencia de pantallas que tratan de robarte el alma. ​Piensas en ella.  Piensas en cómo el amor se desgasta al no alimentarlo. Te dijeron que el tiempo cura las heridas, pero te mintieron: el tiempo solo te enseña a caminar con la cojera a cuestas. ​Caminas...

El SILENCIO DE TERCIOPELO

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Un viaje al centro de la quietud en mi jardín de sueños. Observo cómo el silencio se viste de oscuro terciopelo. Es densa y profunda la quietud que esta girando a mi alrededor, sosteniendo esta suspensión del espíritu: esencia líquida que navega entre sombras alargadas que envuelven y serenan el espacio. El pulso late pausado; el aliento apenas llena los pulmones. Poco importa el estruendo del ruido lejano, pues apenas altera el latido. Nada ni nadie interrumpe la vigilia y nadie encuentra la salida de este jardín donde habito, refugio de sueños matizados por destellos y vacíos constantes.  Un refugio en el jardín de la quietud del pensamiento Transitar el instante no presupone necesariamente el movimiento, decidido o errante, permanece la quietud del pensamiento . Me siento parte de la tierra somnolienta, permitiendo que el reloj me alcance y venza cada latido en la profundidad de mi propia existencia. Evocando el enjambre de dudas y sueños que pretendo exiliar tras la frontera...

REFLEXIONES SOBRE EL TIEMPO, LA MEMORIA Y LA SOLEDAD

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Es curioso cómo la memoria se pierde en un callejón sin salida cuando buscamos algo de esperanza. Me reconozco en esa desidia, en esa pelea perdida de antemano contra las agujas que no sabremos nunca cómo parar. Escribir sobre el tiempo es, al final, la única forma que tenemos de intentar detenerlo, aunque sepamos que la tinta acabará secándose y el reloj seguirá dando vueltas sin importarle nada más. Me sobran los motivos para desconfiar de los calendarios, crueles y silenciosos que se llevan los besos que no di y los «te quiero» que se quedaron en la garganta, tal vez por orgullo o por simple desazón. Camino por las calles recorridas una y mil veces. Entre pantallas que tratan de brillar más que los neones de la ciudad y ese ruido constante que intenta tapar el vacío. Admito que la ausencia es puro dolor, colándose por las costuras del corazón, recordando que cada pérdida es un peso muerto en el bolsillo. Se aprende a convivir con el fantasma de aquello que pudo ser y no fue,...

HIERRO, SAL Y ALMIZCLE

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  Bajo el paraguas de una noche que no admite intromisiones, el sudor continúa su camino hasta volverse caligrafía sobre tu espalda. Ya no arrendamos la felicidad; ahora somos los dueños legítimos de este, nuestro rincón clandestino. ​Aquí el tiempo es más que un contrato sin cláusulas: es un rehén al que decidimos no liberar. La única ley es el pulso que dicta la piel contra el lino frío, bajo el peso de las estrellas como únicos testigos. ​El despertar no es risueño; es denso y magnético. Es el reconocimiento de las ninfas en el desorden de las sábanas, donde tus vacíos y los míos han dejado de ser espacios para convertirse en moldes. ​No hay tintineo acaramelado. Solo queda el silencio profundo de quien ha viajado por el tiempo a través de un roce, con el alma desahuciada de toda lógica y, en la dermis, el rastro de un incendio pasado. ​Soy el centro de tu calma tras la tormenta, un coleccionista de la geografía de tu descanso. La dualidad se ha resuelto: ya no somos versos ...

QUINCE SEGUNDOS DE TANGO

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 UN TANGO SOBRE EL AMOR Y EL TIEMPO Nuestro abrazo es un tango que bailamos en silencio, al compás de la piel, entre el humo y el vino. Quince segundos de amor, de besos y olvidos: el mundo se detiene y tu mirar es mi destino. Se nos rompe el tiempo en un soplo de aliento; afuera, el ruido del mundo se torna un desierto. No importa el mañana, ni el frío, ni el viento, si en este abrazo certero, por fin te tengo. La luz de un farol dibuja tu espalda y mi abismo. Este instante es un puerto, un refugio, un acierto, donde el amor se rinde y el cielo se estremece, naufragando en tu pecho a ritmo de tango. Que se callen las voces, que se apague el ruido, ya no existe el desierto, ni el miedo, ni el frío. Son quince segundos de resurrección: si el tango se acaba... de nuevo me quedo, amarradito a tu cintura, muriendo de amor. P. D.: Que ruede el destino, que pase la vida, que el tiempo se pierda en algún rincón. Si el tango se acaba, no habrá despedida: somos un solo abrazo... y un mismo...

VIVIENDO EL INSTANTE:EL ARTE DE HABITAR EL PRESENTE

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REFLEXIONANDO SOBRE LA PRESENCIA DE LO INVISIBLE Es aquí, donde solo estoy de paso, donde quisiera convertirme en un minuto de tu tiempo. Quizás sean premoniciones líquidas al tacto que desafían la rigidez de la costumbre, mientras ofrendo mi pulso hacia lo más alto. ​No importa la precariedad de mis sentimientos; sé que no es fácil sostenerse así, con el rostro expuesto a la intemperie de lo incierto.  Avanzo frente a un paisaje desguazado, oculto tras un motín luminoso, en este conjunto de ideas breves anotadas al dorso donde todo se regenera. ​Es cuestión de sobrevivir, de subsistir... y, en ese breve instante, perderme en la eternidad de tu mirada. ​También me pierdo en las sombras de tu ausencia, en esa grieta por donde se filtra lo que aún no nos atrevemos a decir.  No pretendo ser el ancla de tu destino, sino el rastro del viento sobre el agua: esa leve presencia que altera el orden de tu calma. En esa fragilidad encuentro mi fortaleza; soy la llama que no teme a las ce...

CÁRCEL DE SOLEDAD

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El otro día, observando cómo el sol se ponía sobre un campo teñido de rojo, no pude evitar pensar en la naturaleza indomable de las amapolas. Son como 'mariposas de seda', frágiles pero valientes, que nacen donde quieren aún en su cárcel de soledad... Mariposas de seda en el trigal, gotas de sangre bajo el sol; nacen sin permiso de nadie, ni del invierno que se marchó. ​Tallo fino, ondeando al viento, copa roja con la que brindar; suspiros de solo un momento que nadie puede domesticar. ​Crecen así de valientes donde otras no se atreven a brotar. No las guardes en frío cristal: su alma necesita la libertad. ​Eres tan real como la amapola, tan frágil, sutil e independiente, que tu aroma y tu luz me llevan, de flor en flor, hasta tu boca... ​ P. D.:  Porque, si las cortas, de pena dormirán bajo la reja de su cárcel de soledad... Y...¿tú? ¿También sientes esa conexión con la belleza efímera de las flores silvestres? ¿Alguna vez has intentado cortar una amapola y ha...